Ana se detuvo y entreabrió sus labios para responder, pero no pudo hacerlo al caer en cuenta de lo su maestra le había pedido. Solo la observo y asintió lentamente.
Vero sonrio y le hizo una seña con su cabeza para que la siguiera hacia el auto, asegurándose de que no hubiese algún alumno o personal perteneciente al básico cerca.
Ambas subieron al auto y empezaron a andar hacia la cafetería , llegando a ella solo unos minutos después. Cuando hubieron entrado, se acomodaron sobre la zona de los pequeños sofás con una mesa al medio. Ordenaron lo que más le llamo la atención del menú, siendo que Ana, AK principio, se negó a pedir algo.
—Tranquila, yo pagaré.—le había dicho Vero.
—Exactamente por eso prefiero no pedir nada. No quiero ser una molestia.—respondió nerviosa.
—Si fueras una molestia no te habría invitado a venir con migo en primer lugar.—dijo la mayor burlandose.—Ahora pide algo.
Ana selecciono solo un café capuchino y Vero se encargo de agregarle un pequeño postre para acompañarlo, para luego pasar a ordenar ella lo suyo. La persona que las atendía se retiro y la mayor poso su mirada sobre Ana.
—¿Como te fue hoy?—pregunto, sacando tema conversación.
—Creo que bien.—respondió con tono dudoso.—No estuvo mal para ser lunes. ¿Como le fue a usted?
—Un poco estresante, sinceramente.—Vero masajes un poco su sien con la yema de sus dedos.—No pude dormir bien y hoy ha estado matando el dolor de cabeza.
—Oh...cuanto lo siento.—Ana hizo un gesto con tristeza.—debería tomar alguna pastilla y descansar al llegar a casa.
Vero abozo una sonrisa y asintió.—Sí, eso haré...
—Eres muy inteligente, Ana...—dijo con tono sereno, observándola con una expresión que la pelinegra nunca había visto.—...eso me gusta.
Ana emitió una pequeña risa tímida y agradeció por el cumplido. Empezando a sentirse un poco más libre a medida que la conversación avanzaba y, por alguna razón, la Miss Castro le transmitía cierta confianza al interesarse tanto por lo que decía y las cosas que le preguntaba.
Aunque realmente no sabía de qué manera tomar eso último que la escuchó decir.
¿"Eso" le gustaba en que aspecto?
—Es lindo saber que usted piensa eso de mí.
—¿Como no hacerlo?—se apresuró a responder.—Siempre has destacado.
Para ella, saber que, de alguna manera, la Miss Vero pensaba que destacaba era lo mejor que le podía pasar hoy. Y por supuesto, le dejaba en que pensar también.
—¿te parece si nos vamos ya?—pregunto amablemente cuando ambas hubieron terminado sus alimentos.
Ana asintió y Vero se dispuso a llamar al mesero que las atendía, pagando con su tarjeta la cuenta que les trajo minutos después. Salieron del lugar y subieron al auto, colocaron sus cinturones y se dirigieron finalmente hacia la casa de Ana.
Vero aparcó justo al frente y Ana se dispuso a salir del auto, no sin antes ofrecer algo que estuvo pensando desde que su maestra le comentó de su malestar.
—Miss,mmm...—volvió a ponerse nerviosa al momento en que la mencionada la observo, esperando que continuará.—...Las pastillas que tomé el día del accidente de la fiesta realmente aliviaron muy rápido mi dolor de cabeza. Y...me preguntaba si no quisiera pasar mientras yo las busco y tomo una para que pueda sentirse mejor.
