Ana la observo cuando estuvo frente a ella y realmente tuvo ganas de besarla. Tenerla tan cerca provocaba ese sentimiento en ella, tanto que algún día no podría contenerse más. Y si no era ella quien lo hacía, al menos esperaba que, milagrosamente, Vero lo hiciera.
—Sabes...—Vero se atrevió a tomar un mechón del cabello de Ana y lo llevó hacia atrás con cuidado.—...me recuerdas a alguien .
—¿A-A quien?—Ana trago despacio al sentir la mano de su maestra pasar suavemente sobre su hombro luego de colocar el mechón de su cabello.
—Alguien que se parecía mucho a ti. Y no hablo del físico. Me refiero a que, se parecía mucho a ti en cuanto a tu forma de ser.
Ana bajo su mirada y trato de darle sentido a esas palabras. Tratando de entender por qué le decía eso, y por qué hablaba en pasado, que era lo que más llamaba su atención.
—¿puedo saber de quien habla?
—No, prefiero no hablar de eso.—negó levemente con su cabeza y su mano paso a acariciar despacio el delgado brazo de Ana.—solo quise decirlo.
—Entiendo...—Ana asintió, comprendiendo que podía ser algo muy personal.
Ambas, casi inconsistentemente se acercaron solo un poco más de lo que estaban anteriormente. Volviendo a sentir por segunda vez ese imán invisible que hacía que sus rostros quisieran estar cerca.
O era simplemente la mente de Ana la que inventaba esa situación y en realidad era ella misma quien se acercaba de más y cada vez se resistía menos a los labios de su maestra, esos que casi le suplicaban que rozara con los suyos, esos que solo hacían que el trabajo de su autocontrol fuera más complicado.
En ese momento, vinieron a su mente las palabras de Dani. Esas en las que le decía que no lo pensara tanto.
Estaba casi decidida, se había convencido de que lo haría. Dios, estaba tan cerca de hacerlo.
La puerta del salón se abrió repentinamente, haciendo un mínimo ruido, pero que ambas las despego rápidamente de esa burbuja de tensión que se había creado entre ellas.
El corazón de Ana dio un bote y juro sentirse palidecer. Mientras que Vero, actuó casi con total normalidad y le sonrió a la chica que entraba a dejar sus pertenencias en su pupitre, no sin antes saludar con un respetuoso "buenos dias".
Esperaron a que la chica saliera del salón, Ana con su rostro queriendo hundirse en el suelo del miedo que sintió por unos segundos, y Vero volvió acercarse a ella.
—Creo que es mejor que te vayas a tu salón correspondiente, se te hará tarde.
Ana asintió.
—Tiene razón. Lo siento.
Ni siquiera sabía porque pedía disculpas, solo lo sintió necesario en ese momento. Camino hacia la puerta mordiéndo sus labios nerviosamente y se detuvo al escuchar la voz de la Miss Castro de nuevo.
—Y Ana...
—¿si?
—Gracias de nuevo por el café.
Su maestra estaba apoyada sobre el borde de su escritorio con una de sus manos sosteniendo el termo con el café, una sonrisa ladina también se había fijado en sus labios y le guiño un ojo antes de que la menor se diese la vuelta para irse.
Si, definitivamente había sentido esa tensión.
Sólo bebió del café.
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Buenas tardesssss💋🤭
