Capitulo #61

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Lo cual era así, pero no creía estar segura de saber si la frustración que sentía la menor se debia a la molestia que le habían causado sus acciones, o si se trataba de la frustración sexual qué tanto guardaba en su interior y pocas veces manifestaba por si sola.

Probablemente fueran ambas.

Sea como sea, agradecía a lo que sea que la habia impulsado a besarla con gran ímpetu, pues sentía no querer separarse nunca de aquellos labios qué emanaban tanta lujuria y beligerancia junta. Era simplemente fascinante.

Su cuerpo, además, desprendia una fuerte cantidad de hervor abrasador, logrando ser presa de ello inmediatamente al combinarlo con su propia incandescencia.

Era consciente de que aquello se debia a la alta temperatura corporal qué poseía la menor por su malestar, pero eso no evitaba que le resultara completamente lascivo para la situación.

Por su lado, Ana se encontraba en un choque mental en el que sus acciones no parecían concordar con sus pensamientos...pero sí con sus sentimientos.

Se encontraba devorando con tanta anda y necesidad los labios de la profesora Verónica, pues prácticamente el deseo se le escapaba hasta por los ojos, cuando lo único en lo que podía pensar era en cuanto odiaba aquello.
Odiaba no poder controlarse al tenerla al frente, odiaba estar molesta con la mayor y que aun así su lívido incrementara con tan poco y tan fácilmente, pero sobre todo, odiaba tener que ceder ante la tentación que ella representaba, ya que realmente no encontraba otra manera de deshacerse de ello.

Olvidándose dale ligero dolor que aun se provocaba en sus brazos al realizar cualquier movimiento, desplazo uno de los hasta la parte superior de la mayor, ubicandose directamente sobre su cuello, en donde abrió su mano para adueñarse de el con posesión. Tomó con una fuerza inofensiva el cuello ajeno y lo mantuvo firme entre su mano, para luego separarse del beso abruptamente.

Sus respiraciones se escucharon agitadas chocando entre si, a lo que Verónica solo podía observar de manera retadora a la menor por la manera en la que la tenia presa de su agarre.

—Estoy esperando una disculpa, por cierto— dijo Ana con el aliento aun ligeramente desequilibrado y su voz apenas audible.

—Pues ponte cómoda para seguir esperando, cariño— respondió con socarronería.

Ana ejerció fuerza sobre su cuello al escuchar aquello, apretando sutilmente sin hacer daño a la mayor, pero de todas maneras sintiendo aquel escozor de amargura al no obtener lo que quería oír.

Al sentirse minimamente intimidada, Verónica alzó una de sus manos también y la colocó sobre la parte baja de la cabeza de Ana, enredando sus dedos sobre las hebras de su cabello para tirar de este unos cuantos centímetros hacia atrás.

Vio a la menor quejarse con la expresión en su rostro, a lo que ella contesto con un elevamiento retador de su cabeza, preguntando con la mirada si pasaba algo con lo que estaba haciendo.

Sabía perfectamente que tirar de cabello en aquella zona podía llegar a dolor mucho, y si le agregaba que la menor ya cargaba con cierto dolor en su nuca, era el punto perfecto de debilidad.

Si Ana apretaba más sobre su cuello, entonces ella tiraría más de su cabello también.

Con unos cuantos segundos de atracción mutua por el sabor de los besos contrarios, ambas se mantuvieron en un contante brío que las llevó a gozar completamente del corto tiempo que les quedaba.

La mano que aun sostenía firme el cuello de la maestra se soltó en cuanto Ana escucho el cerrojo de la puerta hacer ruido en un intento de girarlo desde afuera, provocando que se apartara preciptivamente de los labios contrarios.

Y a pesar de haberlo oído también, Verónica negó a alejarse en ese momento, por lo que volvió a tomar a la menor y a tirar de su cabello suavemente para después acercarse a su oreja y susurrarle.

—No hemos terminado esto— dijo con severidad.

Justo antes de que la puerta se abriera enteramente, la Profesora Castro soltó el agarre sobre la pelinegra y se coloco a una distancia prudencial de la camilla.
La enfermera entro cargando una caja plástica transparente en sus manos, en la cual podía verse a través distintos tipo de medicamento.

—Profesora Castro, no esperaba verla por aquí— comentó con sorpresa.

—Sí, en realidad venía por algo para el dolor de cabeza, pero me encontré con la señorita Ana aquí sola y estuvimos hablando un poco mientras usted regresaba— sonrio descaradamente.

—Cielos, una disculpa, tuve que ir hasta la segunda planta por un nuevo paquete de medicamentos— se excuso mientras abría lo recién mencionado.

Ana todavía se encontraba sentada en la camilla, tratando de calmar todo en su interior, a la vez que ordenaba el pequeño caos en el que se habia convertido su cabello y uniforme.

La enfermera asintió, encontrándose distraída mientras ahora rebuscaba algo en la caja qué habia traído consigo.
A su vez, Ana volteó hacia la mayor cusndo escucho su última frase, y con el paño siendo sostenido sobre su frente entrecerro los ojos con incredulidad para después sacarle la lengua a la mujer que estaba a nada de salir de ahí.

Verónica le guiño un ojo antes de abrir la puerta y finalmente retirarse de la sala, dejando a una pelinegra irritada ante su poco vergüenza. Negó con su cabeza y volvió a recostarse sobre la camilla.















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Buenas noche, aparecí y les cuento que no me voy a desaparecer por tanto tiempo, aquí les dejo uno más, espero y lo disfruten, gracias por su paciencia 💗


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⏰ Última actualización: Apr 09 ⏰

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