Capitulo #32

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Tomó sus labios entre los suyos otra vez, pero esta vez lo hizo de una manera más intensa. Sus manos subieron y se posicionaron sobre su abdomen, para cuando decidiera apartarse le resultará más fácil.

Decidió disfrutarlo por unos cuantos segundos más, acariciando el vientre de la menor, jugando con el borde de su braga sin ir más allá. Ana no pudo evitar soltar un gemido, lo cual alertó un poco a Vero, ya que el eco resonaba más en los vestidores.

Eso la hizo apartar sus manos de ahí e impulsarse de su abdomen para alejar su cuerpo del de ella, cortando el beso que las mantenía ocupadas hace unos segundos.

Notó la expresión de Ana preguntándose por qué había hecho eso, pero esperaba que entendiera que no podían avanzar más ahí.

-Vamos, vístete, aún quedan muchas tiendas.-dijo con la voz un poco ronca antes de salir del vestidor.

Ana mordió su labio y bajo su cabeza, sintiéndose avergonzada como para verse al espejo en ese momento y notar sus mejillas rojas y sus labios hinchados.

Se vistió rápidamente y salió con su vestido nuevo entre las manos, entregandoselo a la amable chica que las atendió para que se lo llevara a la caja y pagar por el después.

Perdió de vista a su Maestra por unos minutos mientras se distraía en la zona de perfumes, sin poder dejar de pensar en lo que había pasado.

Por un lado estaba feliz, realmente lo había disfrutado, pero por otro lado, sentía la necesidad de acabar con lo que había empezado. Y eso solo su maestra podía hacerlo.

Al menos podía dar por seguro que las cosas no se quedarían así.

No aceptaría haber sido dejada con las ganas.

Cuando finalmente salieron de la tienda, Verónica ayudó a Ana a cargar las bolsas en las que les habían entregado sus compras.

Vero pasó las bolsas a su mano izquierda, y con su mano derecha libre buscó la de Ana, entrelazándolas sin ser totalmente consciente de que estaba haciéndolo, mientras la guiaba en busca de otra tienda a la que quisiera entrar.

Cuando Ana sintió el mínimo roce con la mano de su maestra, su pulso se alteró y abrió sus ojos un poco sorprendida, lo cual Vero no pudo ver debido a que se encontraba distraída. Aún así, dejó que la mayor entrelazara fácilmente sus manos y la guiará.

Lo que no pudo ocultar esta vez fue su nerviosismo ante tal acción, puesto que su mano temblaba y se sentía helada contra la de Vero.

Veronica, al darse cuenta de esto, se detuvo y volteó hacia Ana. Levantó a la altura de pecho sus manos juntas y la observó con una expresión confusa.

-¿Tienes frío?-preguntó con el ceño fruncido.

La menor negó con su cabeza y sonrio levemente.-No, no. Mis manos son así a veces...creo.

-¿Se ponen heladas y tiemblan?-volvió a preguntar, esta vez incrédula.

Ana no contesto con palabras, simplemente asintió y continuó mostrando su leve sonrisa. Vero se acercó a ella, quedando de frente y mirándola a los ojos.

-Hasta donde yo sé, eso se llama nerviosismo.-dijo la mayor, sonriendo. Dio un rápido apretón a la mano que tenía junto a la suya y se acercó a su rostro lo suficiente como para sentir su errática respiración.-¿Te pongo nerviosa, Ana?

La mencionada tragón con dificultad, mientras sentía las mariposas en su estomago empezar a aletear sin control. Respondio con un sonido afirmativo proveniente de su garganta, junto con un movimiento de su cabeza que reafirmó su repuesta.

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