—Me voy a casar, Kunikida —le dijo su hermano mayor, mientras miraba hacia el mar.
—Ya veo. Felicidades.
—No te ves muy alegre —la sonrisa que esbozó era falsa. Lo podía ver en sus ojos verdes aceitunados, tan similares a los de Kunikida.
—Lo estoy. Pero también estoy desesperado —Kunikida miró a su hermano, y sintió como sus ojos escocían en desasosiego. ¿Realmente no había nada que hacer? —. A veces me gustaría volver a ser un simple profesor de matemáticas.
—Nada te lo impide.
Kunikida sonrió, y acarició la portada de su diario.
—Me lo impiden mis ideales, mis nuevos compañeros, y, por encima de todo —lo miró una vez más. Esa vez, una lágrima solitaria descendió por su ojo izquierdo. Las lágrimas eran inútiles ante su hermano, lo sabía, pero ya había intentado hasta lo imposible. En un futuro, su hermano no podría reprocharle que no intentó de todo para detenerlo—, ellos.
Lo miró una última vez, y entonces Kunikida abrió los ojos.
El techo le fue desconocido por instantes, breves y reveladores. Al cabo de un rato, lo reconoció como el techo de la enfermería. Se acarició el rostro como tratando de despertar. Hacía tanto tiempo que no soñaba con ese momento.
«Debería escribirlo... —Pensó, pero la libreta no estaba en ninguna parte—. Ah, es verdad...»
—Buenos días, Kunikida —saludó Dazai de repente.
Kunikida se sobresaltó. No lo había visto, y era natural que no lo hiciera. Dazai parecía haberse empecinado en esconderse en la esquina más oscura que encontró. De pronto, la realidad cayó sobre él como si por fin hubiera despertado.
—¿Cuál es la situación? —replicó de inmediato, y trató de buscar sus gafas. Dazai parecía sólo un bulto oscuro en medio de una mancha de sombras.
—Ya, ya. Tranquilo. Aquí están. Las anteriores se echaron a perder. Conseguimos estas de tu escritorio —Le extendió sus gafas. Kunikida le agradeció el gesto, y se las puso—. Primero lo primero. ¿Cómo te sientes?
—Lo que yo sienta no importa. ¿Cómo están los demás? ¿También los atacaron?
Dazai frunció el ceño. Kunikida no puedo evitar fijarse en las ojeras que colgaban de sus ojos, tan repentinamente brillantes.
—Sólo te atacaron a ti. ¿Recuerdas lo que pasó?
—Un poco —Un breve dolor de cabeza lo asaltó. Kunikida sólo atinó a sostenerse la cabeza con ambas manos, y fue ahí que se percató de que el raspón del primer incidente ya no estaba. Dazai le pidió que no se esforzara demasiado. Aun así, él prosiguió—: Recuerdo la explosión, a medias el fuego, y... creo que mi último recuerdo es Yosano-san usando su habilidad. Le debó la vida... —reflexionó Kunikida, mirándose las manos.
Dazai no parecía feliz con aquella conclusión.
—La agencia también le debe una tregua con la Port Mafia —dijo Dazai, y procedió a contarle todo lo que había sucedido. Desde el encuentro con la mafia, hasta los tres días posteriores al trato—. Hablamos con Atsushi-kun a diario. Le hacemos una pregunta que sólo el podría responder, y después le hablamos un rato más. Al principio se veía muy nervioso, pero parece que la hospitalidad de la Port Mafia es mejor de lo que uno podría esperar.
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El rey celeste [KunikiDazai]
FanfictionUn fanfic del fandom de Bungo Stray Dogs. Yokohama es el escenario del mundo, y también de los actos criminales. Entre sus últimas obras, destacan los asesinatos de un hombre que se hace llamar el Rey Celeste, un supuesto elegido cuya misión terrena...
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