¿Hay algo peor que tener que preparar la boda de tu padre con su nueva mujer?
Sí.
Tener que hacerlo junto con el idiota de su hijo.
Esta historia contiene escenas maduras.
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"Solté un pequeño jadeo y pude notar el atisbo de una sonrisa en sus l...
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—No sabéis lo bien que habéis hecho en no apuntaros a matemáticas avanzadas. Es un asco. Odio esa clase.
Pasé un brazo por encima de los hombros de Heeijin, mi mejor amiga, mientras caminábamos hacia la salida del instituto. Las clases por fin habían terminado tras un largo día que comenzó con una desastrosa aventura al inmiscuirme al cuarto de Alex. Al menos alegré la mañana a mi amiga al contárselo. Estuvo riéndose por cinco minutos.
—Tú puedes con la clase, estoy segura —dije con convencimiento.
Heeijin no quería dar esa clase, en realidad, pero sus padres la habían obligado. Tenían una educación muy estricta en la casa y esperaban lo mejor en su única y preciada hija. No le faltaba amor y ella sabía que la querían muchísimo, pero eso no significaba que no se sintiese presionada por satisfacerlos.
—No sé vosotras, pero yo ya tengo ganas del sábado e ir a la fiesta que da Jason en su casa.
Isabella alzó las cejas, motivándonos a asistir. En realidad, aunque la fama la tenía yo, Isabella era a la que más le gustaba salir de fiesta y divertirse. Su familia era bastante laxa y ella, en realidad, nunca se metía en problemas. Era algo así como la chica perfecta: era guapa, sacaba buenas calificaciones, era simpática con todo el mundo y a todo el mundo le caía bien: compañeros, profesores, adultos...
—Lo siento, trabajo.
Isabella hizo un mohín con la boca hacia Olivia, pero nuestra amiga se limitó a encogerse de hombros. Apartó un mechón de cabello oscuro detrás de su oreja y se colocó mejor la mochila sobre un hombro. De todas nosotras, la más trabajadora era ella. Todos los viernes y fines de semana hacía horas en un restaurante de comida rápida, donde vendían pollo, para ganar dinero para la universidad. Vivía a las afueras con su tía en un apartamento pequeño y usaba la misma mochila desde hacía cuatro años. Tenía pins viejos de Taylor Swift y estaba rota por un lado. Sin embargo, jamás la escucharías quejarse. Incluso si tenía que ir en bicicleta a todos lados.
—Al menos pensarlo, porfa...
Atravesamos las puertas de salida del edificio y Olivia tropezó con el tope del suelo. Escuché una risa muy suave. Como fui la primera en salir, solamente yo la oí. Al girarme hacia el sonido encontré a uno de nuestros compañeros apoyado sobre la pared. Jax DeLuca, el chico problemático del curso, miraba directamente a Olivia, que se había sonrosado por la caída. Sus ojos estuvieron clavados largos segundos en mi amiga antes de regresar al teléfono.
—¿Os llevo a casa? —Preguntó Isabella, sacando las llaves de su teléfono.
Olivia sacudió la cabeza en negativa y se despidió de nosotras con la mano mientras iba a por su bicicleta. Yo miré hacia el estacionamiento, en busca del coche azul que tantas veces había aparcado delante de mi nueva casa.
Hasta que lo vi. Pero no solo eso. Alex estaba fuera de él, apoyado contra el capó, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos mirando directamente hacia nosotras.