1. La Noticia

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Una de las primeras cosas que aprendes al crecer es que la vida no es justa.

Cuando eres pequeño vives en un mundo de felicidad y colorines, ajeno a la hostia que te pegará la vida en el momento en el que tu familia deje de protegerte.

—Entonces, ¿os parece bien?

En ocasiones como esta echaba de menos aquella tierna inocencia de antes. Especialmente cuando esta vez, la hostia te la daba tu propia familia. Las mismas personas que se suponía que debían protegerte.

Primero fue mi madre, marchándose un día sin aviso. Decía que estaba cansada de esta vida y de mi padre, que ya no lo quería y que necesitaba comenzar de nuevo. Pero se olvidó de mí, y me dejó con él.

Y ahora era mi padre, rehaciendo su vida. Porque me negaba a llamar familia al resto de personas que había en aquella habitación.

Me crucé de brazos y no contesté a la pregunta. ¿Acaso importaba mi opinión? Ellos ya tenían decidido que iban a casarse. De hecho, ya lo habían hecho antes y sin decir nada, pero una boda improvisada en Las Vegas no era lo más legal del mundo. Ahora querían hacerlo a la antigua usanza, con una fiesta, familia y amigos.

No podía decir que me entusiasmase la idea. De hecho la odiaba.

Cuando mi padre se dio cuenta de que no iba a hablar, suspiró y sus ojos viajaron hacia el chico que estaba sentado a mi lado, buscando el apoyo que su hija no pensaba darle.

—Mientras vosotros seáis felices, por supuesto que me parece bien.

Por supuesto, el perfecto y maravilloso Alex Walker. Él nunca les decepcionaría, y me apostaba lo que fuese a que mi padre deseaba que en realidad él fuese su hijo biológico y no yo.

Sé que suena duro, pero era así.

Alex nunca daba problemas. De cara a su madre y mi padre era sencillamente perfecto: un universitario con notas excepcionales, deportista, inteligente, que ayudaba en la casa, le gustaban los planes en familia y jamás había dado un problema.

No como yo, que no aceptaba aquella ridícula unión.

Me contuve de resoplar mientras Anna, mi madrastra, se inclinaba sobre el sofá para abrazarle.

—Muchas gracias, cariño —murmuró, casi llorando.

¿En serio?

Lo que ellos no sabían es que el perfecto Alex era solo una fachada. Ellos no habían visto su verdadera personalidad... pero yo sí. Y no caería ante sus encantos.

Mi padre carraspeó y volvió a mirarme a mí mientras Anna se sentaba de nuevo. Ellos estaban en unas sillas que habían puesto frente a nosotros para poder mirarnos. Lo hacían cada vez que tenían charlas serias, y algo me dijo que la conversación todavía no había terminado...

Un Perfecto DesastreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora