¿Hay algo peor que tener que preparar la boda de tu padre con su nueva mujer?
Sí.
Tener que hacerlo junto con el idiota de su hijo.
Esta historia contiene escenas maduras.
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"Solté un pequeño jadeo y pude notar el atisbo de una sonrisa en sus l...
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Llegué a las once menos cinco, pero conociendo a mi padre, mejor pronto que tarde. El paseo con Liam fue corto porque el tiempo apremiaba, pero también muy romántico. Estuvimos conversando bajo la luz de las estrellas y las farolas en un camino donde también había otras parejas.
Cuando me bajé del coche me dio un beso en la mejilla y se despidió con la mano hasta que estuve en el interior de la casa. Anna y mi padre, que se habían quedado en el salón viendo la televisión, me llamaron al escucharme llegar. Solo me preguntaron si lo había pasado bien y cuando dije que sí, no insistieron.
Subí a mi habitación y escribí un mensaje a mi madre para contarlo todo, después llamé a Heejin y estuvimos hablando hasta que me quedé dormida al teléfono. Cuando desperté a la mañana siguiente me había quedado sin batería.
Fue un sábado tranquilo. Aproveché para ponerme al día con los estudios y por disfrutar del resto de la semana. Anna y mi padre hicieron una ensalada extraña para comer que me subieron a la habitación y avisaron que unos amigos vendrían a la noche para una barbacoa. Probablemente a las cinco la casa se llenaría de gente, así que aproveché para darme un baño, ponerme un pijama nuevo y encerrarme en la habitación antes de que llegaran.
No quería ser desagradable, pero los amigos de mi padre siempre me preguntaban por mi madre cuando él no estaba cerca, y los de Anna qué tal llevaba el cambio de vida. Solo bajaría para robar una hamburguesa para la cena y de paso continuaría con el maratón abandonado de Harry Potter. Todavía me quedaban las dos últimas películas y tenía planes de continuar con Animales Fantásticos después.
En eso estaba, tirada en la cama con un bol de palomitas de colores y las luces apagadas mientras los protagonistas volaban en un dragón para escapar del banco, cuando llamaron a la puerta. Quizás ya estaban hechas las hamburguesas, aunque era un poco pronto para cenar en sábado.
—Adelante.
Sin embargo, fue Alex quien entró por la puerta. Me miró, tirada en mi cama deshecha, y después la pantalla de mi portátil en el escritorio, donde la película se reproducía. Estaría genial poder verlo en una televisión, pero teníamos prohibido tener una en las habitaciones.
—¿Qué haces en pijama? —Me preguntó cuando sus ojos regresaron a mí.
—Ver una película.
Incliné el bol con palomitas hacia él para marcar mi punto.
—He quedado con Evan en diez minutos en su casa y tardo quince en conducir hasta allí.
Me encogí de hombros y comí otra palomita.
—Vale, no pensaba ir.
Alex se cruzó de brazos y se apoyó contra el marco de la puerta. Todavía con la película de fondo, vi cómo fruncía el ceño.
—Estoy bastante seguro de que Evan es capaz de presentarse aquí si no apareces.
—Dile que estoy enferma. La pizza me sentó mal anoche.