¿Hay algo peor que tener que preparar la boda de tu padre con su nueva mujer?
Sí.
Tener que hacerlo junto con el idiota de su hijo.
Esta historia contiene escenas maduras.
******
"Solté un pequeño jadeo y pude notar el atisbo de una sonrisa en sus l...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Mi espalda cayó sobre el mullido colchón, y a los pocos segundos el cuerpo de Alex cubrió el mío. Sus besos eran profundos, ardientes, demandantes... y me cautivaban.
Nuestras piernas terminaron enredadas y podía sentir el roce de la tela de sus vaqueros contra mi piel. Nos amoldábamos el uno al otro como si fuera algo natural, algo que habíamos hecho antes, cuando en realidad aquel era el primer día que besaba a ese chico.
Era de locos. Porque se trataba del hijo de la novia de mi padre. Porque ni siquiera me caía del todo bien. En todas las veces que habíamos coincidido no me había tratado exactamente bien. Era callado y reservado, y tenía un aire problemático que, por alguna razón, solo yo parecía ver. También era un sabelotodo.
Y mierda, me encantaba. Sus besos me encantaban. Él me encantaba.
Iba a perder la cabeza.
Las manos de Alex levantaron mi camiseta y no puse la más mínima resistencia para que la levantara. No estaba usando nada debajo y dudó cuando la tela se arrugó debajo de mi pecho. Aún así sus dedos trazaron una pequeña caricia por encima de mi ombligo, llenándome de escalofríos.
Se separó unos centímetros y sus ojos me observaron con renovada oscuridad. Fueron al nudo de mi ropa, pasaron por mi pecho y llegaron de nuevo a mi rostro. Me mordí el labio inferior por la intensidad y el deseo de sus ojos. Me encantaba. Me hizo sentir... poderosa.
—¿Quieres que me quite la camiseta? —Preguntó.
Con torpeza, me limité a asentir. Una sonrisa traviesa cruzó su expresión, pero apenas la vi durante unos segundos porque él se apartó de mí y procedió a sacarse la camisa por la cabeza.
Yo también me incorporé, sentándome en la cama. La tela volvió a cubrir mi estómago, caliente.
Sin que pudiera detenerlos, mis ojos viajaron hacia el cuerpo de Alex y se quedaron allí.
Por favor, si esto era un sueño, que nadie me pellizque.
Porque Alex no era como los absurdos chicos que había conocido, o como mis compañeros de instituto. Era más ancho, y sus músculos estaban decididamente trabajados. Pero lo que más llamó mi atención fue su pecho derecho. En él tenía el tatuaje de una constelación de estrellas, donde tres de ellas eran más grandes que las demás. Exactamente del mismo tamaño.
Alargué la mano por instinto hacia ellas. Cuando mis dedos rozaron su piel la noté caliente. Alex se estremeció ante mi toque, pero en seguida carraspeó y comentó con tono locuaz:
—¿Disfrutando de las vistas, princesa?
Dejé de morderme el labio y alcé la mirada hacia él. Aparté la mano y acompasé una sonrisa atrevida, parecida a la suya. No dejaría que me viese como a una niña, porque en aquel momento, era lo último que deseaba.