¿Hay algo peor que tener que preparar la boda de tu padre con su nueva mujer?
Sí.
Tener que hacerlo junto con el idiota de su hijo.
Esta historia contiene escenas maduras.
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"Solté un pequeño jadeo y pude notar el atisbo de una sonrisa en sus l...
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—No entiendo por qué no puedo quedarme sola en casa.
—Porque solo tienes diecisiete años.
—Pues si no te gusta la idea, no te vayas de vacaciones con ella.
Mi padre me ignoró y tocó el timbre de la enorme casa donde vivían Anna y su hijo. Él venía para recogerla e irse juntos a sus vacaciones en Las Vegas, mientras a mí y a Maki nos dejaba allí, de paquete.
En una mano llevaba una pequeña maleta con mis cosas. En otra el transportín de Maki, con él dentro y una bolsa de su pienso favorito. Solo esperaba que no lo pasase muy mal al cambiar de casa estos días. Solía ser un gato muy fiel y bueno, pero como a todos los animales, los cambios le estresaban.
Como a mí.
Por suerte logré comprar una caja con feromonas en spray justo a tiempo.
—Se acabó, Carla. La conversación termina aquí. Te vas a quedar con Alex esta semana y punto.
Por su puesto, el gran e increíble Alex. El chico universitario que estudiaba incluso en verano para sacar buenas notas. El responsable joven que había enamorado a mi padre al no poner la mínima señal de protesta ante la relación de nuestros padres.
Aunque la verdad era que a él tampoco le hacía especial ilusión. Solamente les estaba dando tiempo hasta que se cansasen el uno del otro pero era un falso de cara a los adultos. Hipócrita.
Rodé los ojos y la puerta se abrió, con una Anna sonriente al otro lado.
—¡Llegáis pronto! —Exclamó.
—No quería pillar cola en la salida.
Papá dio un paso al frente, tirando de mi maleta con él y dándole un beso suave a Anna en los labios. Miré hacia otro lado a propósito.
Maki maulló dentro del transportín. Seguro que tenía ganas de salir. Como yo de esa situación.
—¿Podrías enseñarme la habitación donde me quedaré estos días? —Le pedí a Anna con prisas—. Me gustaría sacar a Maki de aquí.
Ella ya estaba al tanto de que mi gato también se quedaría, porque, ¡no podía dejarle solo! El primer día le dejaría cerrado en la habitación con feromonas para que se relajara, y luego ya le daría tiempo para adaptarse a la casa, aunque solo fuera por unos días.
—Por supuesto. Ven, sígueme.
Lancé una mirada rápida a mi padre y después yo también entré en la casa.
Anna comenzó a darme un rápido recorrido por la planta baja, mostrándome la entrada, la cocina, el amplio salón y un pequeño baño para invitados. Escaleras arriba llegamos a las habitaciones. La principal, la suya, se encontraba arriba del todo.
Llegamos a la que sería la mía y que tenía toda la pinta de tratarse de un cuarto de invitados. Aún así era bastante más amplia de la que tenía en casa y contaba con una cama de matrimonio. La mía era individual, la misma que usaba desde los seis años.