¿Hay algo peor que tener que preparar la boda de tu padre con su nueva mujer?
Sí.
Tener que hacerlo junto con el idiota de su hijo.
Esta historia contiene escenas maduras.
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"Solté un pequeño jadeo y pude notar el atisbo de una sonrisa en sus l...
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Nunca habíamos sido de tener la casa impecable. No al menos desde que vivíamos con Anna.
Sin embargo, ahí estaba. Pasando la aspiradora sobre una alfombra comprada hacia literalmente media hora, mientras esperaba a que Anna llegara a casa con sus padres. Ni siquiera me había dado tiempo a extenderla correctamente sobre el piso y que perdiera el olor a plástico.
—¡Ahí están! —Gritó mi padre.
Inmediatamente me puse recta y dejé la aspiradora a un lado.
En casa solo estábamos él, yo y Maki, que como buen chico se había adecentado a lametones con la lengua y esperaba cerca de la ventana. Siempre se olía los acontecimientos importantes.
Alex había alegado tener que estudiar y había huido con Evan, pero yo (y probablemente también... todos), sabía que era una mentira para escaquearse.
Mi teléfono móvil también volvió a vibrar en el bolsillo y lo ignoré. Mamá me había escrito varias veces pero no quería saber nada de ella. No por el momento, y si tanto interés tenía ahora... tiempo no le había faltado.
Sí, seguía dolida por sus palabras.
Anna llegó antes de lo esperado, pero cuando abrió la puerta ya estábamos preparados. Dos señores mayores entraron tras ella.
—¡Tú debes de ser Thomas! —Dijo él.
—Y tú, Carla —exclamó ella—. Qué guapa eres. Ellos eran los únicos invitados que se quedaban en casa. Para todos lo demás, papá y Anna habían tenido la friolera idea de gastar el dinero y reservar habitaciones.
—¿Y nuestro nieto? ¿Dónde está Alex?
—-Oh, tenía que estudiar y está en la biblioteca con un amigo.
La mentira de Anna sonó mal hasta para mi padre, que frunció el ceño. Todos sabíamos que se encontraba en casa de Evan con el voto de confianza de que estudiaría.
—Una pena... tenía ganas de ver al chico.
—Déjale. Él sí que se esfuerza. Al menos salió a nosotros y no a su padre.
Fue mi turno de fruncir el ceño, y al mirar a mi padre lo vi en la misma situación. ¿No era un poco cruel hacer ese comentario?
Sin embargo Anna intervino para ofrecer por unas copas de vino y luego enseñar la habitación de invitados e ignoró al completo el comentario de su padre. Yo miré al mío, que continuaba igual de sorprendido.
Decidí tomar el teléfono.
CARLA: ¿Estás bien?
ALEX: ¿Te han dicho algo malo mis abuelos?
CARLA: No.
ALEX: ¿Lo han hecho de mí o mi padre?
Qué directo. Pero cuando no respondí, él simplemente se resignó.