25. Perfecta locura

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Me acostumbré a la nueva situación bastante rápido

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Me acostumbré a la nueva situación bastante rápido. Alex y yo compartíamos miradas a escondidas mientras nuestros padres estaban demasiado ocupados con su la boda y su trabajo. El juicio que había sufrido un aplazamiento y temían no resolverlo antes de la celebración.

Estaba terminando de arreglarme en mi habitación para un nuevo día de instituto cuando una sombra cruzó por la puerta de mi habitación, que estaba abierta. Desistí en mi intento de amarrar la cremallera trasera del nuevo top que mi madre me había enviado correo desde Nueva York y miré Alex.

Estaba apoyado contra un lateral de la puerta, con los brazos cruzados. Usaba una camiseta de tirantes y podía apreciar pequeñas gotitas de sudor sobre su piel, al igual que el pelo húmedo. Venía de correr.

—¿Necesitas ayuda? —Comentó.

Bajé los ojos por sus bíceps marcados hasta el corto pantalón deportivo.

—O tal vez solo prefieras seguir comiéndome con la mirada —añadió.

Rodé los ojos y me giré para señalarle mejor la parte de atrás del top.

—Estaría bien si me echas un cable con esto.

No me giré pero escuché sus pasos adentrándose en la habitación. A los pocos segundos sus dedos rozaron mi cuello cuando me apartó el pelo y sentí un escalofrío recorrerme la piel. Muy despacio comenzó a subir la cremallera.

—Te gusta mucho hacer ejercicio, ¿eh? —comenté para relajar tensiones.

Terminó de subirla y sentí cómo se inclinaba sobre mí. Su aliento hizo cosquillas en mi cuello.

—¿Y a ti? ¿Qué aficiones tiene la princesa, además de ver películas Disney?

Giré el rostro para mirarlo y tragué saliva al encontrarlo tan cerca. Todavía tenía una mano sobre mi cuello y otra sobre mi hombro.

—Te sorprenderías —susurré.

—Se me ocurren algunas —continuó en un tono de voz grabe que calentó mi vientre—. Que tienen que ver contigo y conmigo. Sin nada de ropa de por medio.

La mano que tenía en mi cuello comenzó a moverse mientras la yema de su dedo trazaba un camino sobre mi piel hasta llegar al otro hombro y esconderse bajo el tirante del top.

Tenía la boca seca y el calor crecía cada vez más en mi interior. Sabía lo que Alex pretendía, pero no siempre le iba a dejar salir con la suya.

—¿En serio? Porque eso parece más una afición tuya.

—De la que tú también disfrutas, princesa.

Me obligó a girar hasta enfrentarlo. Sacó las manos de mis hombros y llevó una de ellas justo debajo debajo de mi barbilla, colocando dos dedos en el mentón.

Un Perfecto DesastreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora