El rugir del público se sintió como un trueno en mis oídos. El Sekai Taikai ya estaba en marcha, y no había vuelta atrás. Enfrentarnos a Cobra Kai no solo era un reto físico, sino una prueba de carácter. Cada uno de nosotros sabía que esta competencia marcaría un antes y un después, y perder no era una opción.
Estábamos listos para el primer combate del, y todo lo que se pedía era que nadie cayera fuera de la colchoneta. Aquellos que caían, quedaban eliminados. Cada miembro del equipo había entrenado para esto, y ahora era momento de demostrarlo.
Pero las cosas no fueron como esperábamos.
La primera pelea fue entre Demetri y uno de los luchadores de Cobra Kai. Ambos intercambiaron golpes rápidos, pero Demetri fue derribado al poco tiempo. La caída fue limpia, y con ella, la primera derrota para nuestro equipo. Todos tratamos de mantener la calma, pero la presión crecía a medida que cada enfrentamiento se volvía más difícil.
La siguiente pelea fue entre Sam y otra chica de Colombia. Las dos luchaban con furia, sabiendo que si una de ellas caía, todo el equipo perdería la oportunidad de avanzar. Sam se movía con agilidad, pero aquella mujer, con su estilo agresivo y sin piedad, estaba decidida a ganar. En un descuido de Sam esta logró tirarla quitándonos a nuestra capitana.
Era mi turno. El corazón me latía fuerte en el pecho mientras caminaba hacia la colchoneta. Mi oponente era Zara, una luchadora que había demostrado ser muy hábil. Sabía que debía estar concentrada, pero mi mente no dejaba de pensar en lo que había pasado antes.
Mi hermano Robby había caído, distraído por la mirada de Tory, y Miguel, aunque parecía calmado, tenía ese destello de enojo en sus ojos. No podía permitirme la misma distracción.
Concentrada, me enfrenté a la mujer.
Ambas nos estudiamos durante un par de segundos antes de lanzarnos al ataque. Usé mi velocidad y mi conocimiento de las técnicas de Miyagi-Do para anticipar sus movimientos. Luchamos de manera feroz, pero finalmente logré derribarla con una llave que lo sacó fuera de la colchoneta.
Ganamos una batalla más, pero la sensación de tensión seguía presente.
La última pelea fue la más difícil. Robby, se enfrento nuevamente a Kwon y él no iba a dejar que pasara lo mismo.
Este había demostrado ser un rival formidable. Los dos intercambiaron golpes rápidos, y el público estaba al borde de sus asientos. La pelea parecía equilibrada, pero algo en el aire cambiaba a medida que avanzaba. El desgaste comenzaba a ser evidente en ambos luchadores, pero Robby nunca dejó de luchar con todas sus fuerzas.
Finalmente, con un movimiento increíblemente rápido, Kwon logró derribar a Robby y lo lanzó fuera de la colchoneta.
En el vestuario, la tensión estaba a flor de piel. Johnny intentaba animarnos, dándonos palmaditas en la espalda y diciéndonos que habíamos hecho un gran trabajo. Pero algo no estaba bien. Todos estábamos frustrados, y las palabras de Johnny no parecían calmar el enojo que flotaba en el aire.
—¡Vamos, chicos! ¡Lo hicimos bien! ¡Vamos a la siguiente ronda! —dijo Johnny con una sonrisa forzada. Pero nadie le devolvía la misma energía.
Robby, aún sudando y con el ceño fruncido, se giró hacia Johnny.
—¿Cómo vamos a hacer esto si seguimos peleando entre nosotros? ¡Necesitamos estar juntos! —exclamó, su voz llena de frustración.
Miguel con una mirada distante, respondió en tono ácido.
—¿Y qué se supone que hagamos? ¿Pretender que todo está bien? ¡Te vi distraído durante la pelea! No sé si fue por Tory o por lo que sea, pero eso no puede pasar en un torneo así. —La tensión entre ellos era palpable, y aunque no lo decían en voz alta, ambos estaban molestos.
Yo traté de intervenir, intentando calmar los ánimos.
—No ayuda que todos nos estemos peleando, ¿si? —les dije, intentando ser razonable. —Tenemos que unirnos si queremos llegar lejos. No podemos seguir con esto.
Miguel me miró, sus ojos llenos de frustración y algo más, tal vez culpa. No estaba de acuerdo con Robby, pero su enojo era evidente.
—¿Y qué se supone que hagamos? —me preguntó, su tono molesto. —Tú eres la que se mantiene al margen, siempre tratando de mantener el equilibrio entre los dos. ¿Pero qué pasa cuando ambos estamos peleando? ¿Qué hacemos entonces?
El silencio en la sala se hizo pesado. Me sentí abrumada. En este punto, me costaba mantener el equilibrio entre mi hermano y mi novio. Ambos eran importantes para mí, pero las diferencias entre ellos comenzaban a desgastarme.
No quería tomar partido, no quería que esto nos separara, pero parecía inevitable.
—No quiero pelear —respondí, mi voz suave. —Quiero ganar, quiero que estemos bien. Pero también quiero que todos se den cuenta de lo que está en juego.
Robby suspiró, mirando al suelo, mientras Miguel se cruzaba de brazos, claramente molesto.
—Lo sé —dijo Robby. —Sé lo que está en juego. Pero también sé que no puedo estar siempre en segundo lugar.
Miguel, al escuchar eso, dio un paso hacia él.
—No se trata de ser el primero, Robby. Se trata de hacer lo que sea necesario para ganar... juntos. Tu eres nuestro capitán.
La tensión siguió por unos momentos más, pero al final, entendimos que debíamos trabajar juntos, por difícil que fuera. Sabíamos que solo así podríamos llegar a la siguiente ronda.
Era el primer paso hacia lo que realmente importaba: no solo ganar, sino estar unidos.
