t h i r t y

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Tras la intensa victoria que los llevó a las semifinales del Sekai Taikai, el equipo de Miyagi-Do decidió salir a celebrar. La emoción y el alivio de haber llegado tan lejos era palpable entre todos. Sin embargo, Miguel y yo decidimos no acompañarlos. Sentíamos que, en los días que habíamos pasado en Barcelona, los constantes entrenamientos y discusiones nos habían alejado. Era hora de reconectar, solo nosotros dos.

—¿Segura que no quieres ir con ellos? —preguntó Miguel mientras me tomaba de la mano.

Negué con la cabeza, sonriendo levemente. —No. Quiero estar contigo, solo contigo.

Miguel asintió, sus ojos reflejando el mismo deseo. —Entonces vamos. Tengo un lugar en mente.

El paseo nos llevó a una playa tranquila, lejos del bullicio de la ciudad. El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo con tonos cálidos de naranja y rosa. Caminamos por la orilla, dejando que la brisa marina nos envolviera, mientras nuestras manos permanecían entrelazadas.

Nos sentamos sobre una manta que Miguel había traído. Él comenzó a dibujar círculos en la arena con un palo, mientras yo simplemente lo observaba.

—¿Sabes? —dije finalmente, rompiendo el silencio—. Estar aquí contigo hace que todo valga la pena.

Miguel dejó de dibujar y me miró, su expresión llena de ternura. —Siento que hemos estado peleando tanto últimamente… No quiero que eso sea lo que recuerdes de este viaje.

Sacudí la cabeza, colocando mi mano sobre la suya. —No lo haré. Lo que más recordaré será este momento, contigo.

Nos quedamos en silencio por un momento, solo escuchando las olas del mar. Miguel se recostó, y yo hice lo mismo, apoyando mi cabeza sobre su pecho.

—¿Te has puesto a pensar en el futuro? —preguntó de repente.

—Sí —respondí, jugando con los granos de arena entre mis dedos—. Aunque últimamente siento que el futuro me abruma un poco.

—¿Por qué?

Suspiré antes de responder. —Con la universidad, el karate, nuestras familias… todo parece moverse tan rápido.

Miguel se quedó pensativo antes de responder. —Lo entiendo. Pero, ¿sabes qué? Lo único que sé con certeza es que quiero que tú estés en mi futuro, siempre.

Mi corazón dio un vuelco al escuchar esas palabras. Me incorporé para mirarlo a los ojos.

—¿De verdad?

Miguel asintió, tomando mis manos. —Quiero algo para siempre contigo. No sé cómo se verá exactamente, pero quiero que estemos juntos en todo.

Le sonreí, sintiendo que el peso de mis preocupaciones comenzaba a disiparse. —Yo también quiero eso, Miguel.

La conversación continuó mientras la noche se asentaba. Las estrellas comenzaron a brillar en el cielo, y el sonido del mar seguía siendo el único testigo de nuestro momento. Sin embargo, nuestra tranquilidad fue interrumpida por una figura familiar que reconocimos a lo lejos.

Era Samantha, caminando apresuradamente desde un extremo de la playa. Junto a ella estaba Axel, el capitán de los Iron Dragons, el único peleador invicto del torneo. Ambos parecían agitados, sus miradas constantemente volviendo hacia atrás como si estuvieran asegurándose de que nadie los seguía.

Miguel y yo nos levantamos rápidamente, intercambiando una mirada de preocupación.

—¿Qué está pasando? —pregunté, acercándome a ellos.

Sam levantó la vista, claramente aliviada de vernos. —Kwon y los demás de Cobra Kai intentaron atacarnos. Axel me ayudó a escapar.

Mis ojos se abrieron de par en par, y Miguel apretó los puños, su mandíbula tensándose.

—¿Qué demonios les pasa? Ya los eliminamos del torneo. ¿Qué más quieren? —gruñó Miguel.

Axel intervino, su voz grave pero calmada. —Kwon está molesto porque quedó fuera. Cobra Kai está lleno de resentimiento. Creen que pueden intimidar a los demás incluso fuera del tatami.

Miré a Sam, preocupada. —¿Estás bien? ¿Te hicieron algo?

Ella negó con la cabeza. —Estoy bien, gracias a Axel. Pero no puedo creer que Kwon haya intentado algo así.

Miguel dio un paso hacia Axel, extendiéndole la mano. —Gracias por cuidar de Sam.

Axel aceptó el gesto con un leve asentimiento. —No es nada. No podía quedarme de brazos cruzados.

Nos quedamos unos momentos en silencio, procesando lo que había sucedido. Sentí una mezcla de enojo y alivio. Aunque estaba agradecida de que Sam estuviera bien, no podía evitar sentirme molesta de que Cobra Kai continuara causando problemas incluso fuera del torneo.

Finalmente, Axel habló nuevamente. —Deberíamos informar de esto a los organizadores del Sekai Taikai. No podemos permitir que este tipo de comportamiento continúe.

Asentimos, y después de asegurarnos de que Sam estaba completamente a salvo, la acompañamos de regreso al hotel. Durante el camino, no podía evitar pensar en cómo las acciones de Cobra Kai nos seguían afectando incluso cuando creíamos haberlos dejado atrás.

Esa noche, mientras me recostaba junto a Miguel, no pude evitar sentirme agradecida por el momento que habíamos compartido en la playa, a pesar de todo lo que había sucedido después. Aunque el camino al Sekai Taikai estaba lleno de desafíos y sorpresas, sabía que juntos podríamos enfrentarlo todo.

Y aunque el torneo aún no había terminado, sentía que estábamos construyendo algo mucho más grande que una simple victoria. Algo que realmente valía la pena.

Who? // Miguel Díaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora