t w e n t y n i n e

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El regreso al torneo fue más silencioso de lo que cualquiera habría anticipado. Tras asegurarse de que Carmen estaba estable y de que el bebé no corría peligro, la mujer había insistido en que volvieran a Barcelona para terminar lo que habían comenzado.

Carmen, con esa calidez y sabiduría que la caracterizaban, tomó un momento para hablar conmigo antes de que nos fuéramos. 

—No te olvides de cuidarte a ti misma, ¿sí? —me dijo mientras sostenía mi mano con delicadeza. —Eres una pieza importante de este equipo, pero también lo eres para Miguel. Sé que siempre intentas ser la mediadora, pero recuerda que está bien expresar lo que sientes. 

Asentí con los ojos llenos de lágrimas, agradeciendo en silencio sus palabras. Había necesitado escuchar eso más de lo que me atrevía a admitir. 





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Cuando llegamos nuevamente al torneo, la atmósfera era aún más tensa que antes. Nos encontramos con Kenny en la entrada. Había viajado solo para unirse al equipo después de lo sucedido, pero la sorpresa inicial de verlo no fue tan agradable como habría esperado. 

—¿Qué haces aquí? —preguntó Hawk, cruzándose de brazos. 

Demetri lo miró con desconfianza, como si fuera un espía enviado por el enemigo. 

—Estoy aquí para ayudar —respondió Kenny con firmeza, sin apartar la mirada de Hawk. —Sé que me equivoqué en el pasado, pero quiero demostrar que estoy del lado correcto. 

—¿De verdad? —intervino Demetri con sarcasmo. —Porque no parece que hayas tomado las mejores decisiones últimamente. 

Robby dio un paso adelante, interponiéndose entre ellos. 

—Basta —dijo, su tono firme. —Kenny está aquí porque quiere redimirse, igual que yo lo hice una vez. Si confían en mí, deberían confiar en él también. 

Sin embargo, no todos compartían su opinión. Las palabras de Demetri y Hawk dejaron claro que había un dilema en el equipo. Robby parecía atrapado entre su lealtad hacia Kenny y su rol como capitán. 

Más tarde, Sam, Miguel y yo nos reunimos con Robby en una de las salas del recinto para intentar calmarlo. 

—Robby, sabemos que esto es difícil —comenzó Sam, apoyando una mano en su brazo. —Pero confía en nosotros. Sabemos que eres el líder que este equipo necesita. 

—Exacto —añadí. —Siempre has demostrado que puedes superar cualquier obstáculo. No dejes que las dudas de los demás te hagan tambalear. 

Miguel asintió, acercándose un poco más. 

—Y si alguien puede guiar a Kenny por el camino correcto, ese eres tú. Por algo eres el capitán, ¿no? 

Robby suspiró profundamente, como si nuestras palabras le hubieran quitado un peso de encima. 

—Gracias, chicos. Haré lo mejor que pueda.

La atmósfera en el estadio del Sekai Taikai era electrizante. Todo el público estaba al borde de sus asientos mientras anunciaban las reglas para el enfrentamiento que definiría si Miyagi-Do avanzaría a las semifinales.

El formato era diferente: todos los miembros del equipo debían participar. Si un peleador era eliminado, el siguiente tendría que entrar al tatami al ser tocado por su compañero. El equipo con más puntos al final de la ronda sería el ganador. 

Johnny, desde la esquina, intentaba darnos un discurso motivador, aunque no estaba logrando calmar las tensiones. 

—¡Escuchen! —dijo con su usual tono enérgico—. ¡Esto no es sobre ganar o perder! Bueno, sí lo es. Pero más importante, ¡es sobre demostrar que somos los mejores! ¡Y lo somos! 

Aunque su intento no fue el más inspirador, todos sabíamos que esto no era solo un torneo. Representábamos algo más grande: el legado de Miyagi-Do.

El combate comenzó con Hawk enfrentándose a uno de los peleadores. Su estrategia era directa y agresiva, pero su oponente lograba mantenerse al nivel. Hawk fue derribado hacia el borde del tatami, pero antes de caer, extendió la mano para tocar a Demetri, quien entró al combate con confianza. 

Demetri utilizó su inteligencia para desconcertar a su oponente, logrando un punto rápido. Sin embargo, fue sacado del tatami por un segundo luchador, lo que dio paso a Kenny. 

Aunque algunos en el equipo seguían dudando de Kenny, el joven peleador demostró su valía. Moviéndose con rapidez y precisión, logró un punto para Miyagi-Do antes de ser eliminado. Robby fue el siguiente en entrar, pero su concentración tambaleó al ver a Tory en la esquina de Cobra Kai. 

Desde su posición, Tory lo observaba con una mezcla de emociones. Finalmente, cuando Robby regresó al borde del tatami tras un intercambio intenso, todos observamos como estos dos hablaban.

No pude descifrar lo que la rubia le decía a mi hermano pero al parecer tenía que ver con Kwon pues este lo miró con odio en cuestión de segundos.

En el tatami, Miguel había tomado el relevo y estaba peleando con una habilidad impresionante. Cada movimiento era calculado, y logró otro punto crucial para Miyagi-Do. Cuando su oponente lo empujó hacia el borde, Miguel tocó mi mano y salté al tatami. 

Mi contrincante era rápido, pero mi entrenamiento me había preparado para momentos como este. Logré mantenerme en el centro del tatami, usando mi velocidad para esquivar y atacar en los momentos precisos. Finalmente, conseguí otro punto antes de ser eliminada, lo que dio paso nuevamente a Robby. 

Robby subió al tatami con una nueva determinación. Su rival era Kwon, el capitán de Cobra Kai. La tensión en el ambiente era palpable mientras ambos se posicionaban para el enfrentamiento. 

El combate fue intenso desde el inicio. Kwon, con su fuerza y velocidad, presionó a Robby desde el primer movimiento. Pero esta vez, Robby no se dejó distraer. Cada golpe que lanzaba estaba lleno de precisión y rabia contenida. 

—¿Qué pasa, Keene? —se burló Kwon mientras esquivaba un golpe. —¿Sigues molesto porque Tory me eligió a mí? 

Robby lo miró directamente a los ojos, su expresión llena de furia controlada. 

—No me importa lo que creas. Lo único que importa es que voy a derrotarte aquí y ahora. 

Con un giro rápido, Robby conectó una patada que hizo tambalear a Kwon. El capitán de Cobra Kai intentó contraatacar, pero Robby estaba imparable. Este logró empujar a Kwon hacia el borde del tatami. 

En un último movimiento, Robby lanzó un golpe directo al pecho de Kwon, haciendo que este perdiera el equilibrio y cayera fuera del tatami. 

El estadio estalló en vítores. El árbitro levantó la mano de Robby, declarando a Miyagi-Do como ganador del combate y asegurando su lugar en las semifinales. 

—¡Estamos en semifinales!

—¡Mierda, si!

Who? // Miguel Díaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora