24. Medio camino.

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-¿Draco?

Él levantó su vista apenas un poco para ver a la mujer que tenía delante.

La señora Malfoy -o su madre, como cada rato le recordaba ella- iba todos los días que eran de visita sin falta.

Ya llevaba poco más de tres meses en aquel lugar.

Les había pedido de la manera más amable a las pocas personas que habían ido a verlo que no dejaran que Minnie se enterara de donde se encontraba.

Daba gracias a Isolt y Morgana que le hayan hecho caso ya que la pelinegra en todos esos meses no había llegado tratando de hacer un escándalo para que lo sacaran de ahí o pidiéndole explicaciones del porque estaba en aquel lugar.

Aunque también viéndolo desde otro punto de vista, no le daban mucha información sobre ella y se ponían nerviosos cuando la mencionaba y eso lo mantenía preocupado.

-¿Draco? -repitió la mujer tras verlo con la mirada ausente-.

Sacudió la cabeza y dio un asentimiento en su dirección de que la estaba escuchando.

En cada visita que ella le hacía le hablaba sobre la familia Malfoy, de anécdotas de ella y sus amigos cuando era estudiante e incluso había tratado de hacerle una pequeña fiesta en su cumpleaños de manera oficial.

-¡Sorpresa Draco!

Llegó aquella mujer de cabello oscuro con mechones rubios con grandes globos y una gran sonrisa, aunque sus ojos mostraban un poco de incertidumbre.

-¿Qué es esto? -preguntó él, con voz ronca-.

-Es tu cumpleaños, querido.

Su semblante se desfiguró.

-Ya festejé mi cumpleaños... -respondió con voz débil, inseguro-.

Aunque recordó con un poco de tristeza que en el orfanato si no llevaban algún documento oficial -que era algo usual que dejaran a los niños a si sin más-, ellos se permitían poner como "fecha de cumpleaños" el día de ingreso al lugar, por lo que él y Minnie celebraban su cumpleaños a mediados de enero.

Ella hizo un gesto de desaprobación antes de responder.

-¿Acaso crees que no sabría cuando cumples años, el día que me tuviste más de dieciocho horas pujando para salir al mundo....?

-¡Suficiente! -dijo aterrado, intentando subir sus manos a los oídos, sin éxito-.

En cambio, una ligera descarga en las cadenas lo hizo temblar y apretar los dientes.

Odiaba la magia involuntaria y odiaba esas cadenas.

-Buenas tardes, hijo.

-Señor -dio un leve asentimiento en señal de saludo al recién llegado.

El rubio mayor dio un pesado suspiro y puso las manos detrás de su espalda.

-¿Por qué no intentas llamarme Lucius, por lo menos?

Solo recibió silencio en respuesta.

Narcissa intentó animar aquel momento incómodo pero seguía una tensión palpable entre los tres.

-¿Qué la trae por aqui? -preguntó mientras regresaba al presente-.

-¿Acaso no estás feliz de verme? -dijo con un leve gesto de tristeza la mujer que recompuso enseguida-. Es día de visita, ya lo sabes.

Drake asintió, una parte muy profunda dentro de él -y que no iba a admitir con facilidad- se había acostumbrado a la presencia de la señora.

Herederos perdidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora