Tu abuela estaba intentando quitarle la custodia de ti y de Giovanni a tu padre. Estabas furioso. Decías que ella sólo pensaba en la pensión del gobierno, que sí ella educaba a dos niñitos huérfanos de madre le darían más a fin de mes.
No sabía cómo calmarte, caminabas de allá para acá y te pasabas las manos del pelo a la boca. Decías groserías a por montones y tu hermano no dejaba de llorar en la cocina por tu madre.
Quería ponerme a llorar en ese preciso instante. Quería echar a correr y guardarme en mi caparazón, pero no podía, no podía dejarte.
–Lúan.
Susurré. Por segunda vez en nuestras vidas te llamaba por tu nombre. Me miraste de inmediato. Casi te pones a llorar al ver mis ojos.
–Lu...
–Estoy bien, Lú. Pero tú no lo estás – te observé, buscando las palabras que sabía que necesitabas oír–. Tu madre ha muerto, Gia ha muerto, y jamás volverá. Pero tú estás aquí. Y tu padre está aquí, y el no te va a ceder tan fácil a tu abuela.
Te pusiste a llorar, yo me aguante las ganas.
–Ahora ven aquí.
Toque la colcha. Nos recostamos mientras jugaba con tu pelo. Nos quedamos en silencio, mirando el techo.
–Te estoy haciendo cafuné –te susurré luego de un rato.
–¿Qué?
–Jugar con tu pelo –respondí –.Es una palabra en portugués. Cafuné.
–Cafuné –susurraste, casi extasiado. Te quedaste en silencio unos segundos y luego preguntaste algo que cambió mi vida, y creo qué también la tuya –¿Te puedo besar Lu?
No supe qué decir. Pero sí quería. Quería que me besaras. Y lo supiste leer. Primero fue un toque suave, sencillo y tranquilo. Luego tomaste algo de confianza y el siguiente duró unos segundos más. No quería que te alejaras, tomé tu cabeza entre mis manos. Y eso pareció activarte porque tomaste mis mejillas y profundizaste más el beso. Tu cuerpo se acomodó al mío y de pronto estabas sobre mí.
Y justo en ese momento, tu papá entró a tú habitación. Parecía avergonzado de habernos interrumpido. Tu casi te caes de la cama al escucharlo. Yo estaba tan roja que sentía que iba a estallar. Tu papá dijo algo que desde ahora debíamos mantener la puerta abierta siempre y que la cena estaba lista.
Casi nos ahogamos de la risa cuando se fue.
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Lúan
Romance¿Puede una historia de amor jamás tener final? ¿Cuál es el límite? Esta es la historia de Lu, la chica que deseaba ser querida. Y de Lúan, el chico que la quiso, aunque quizás no de la manera correcta. Porque en la vida, siempre hay personas que te...
