Ezequiel...
No me he hablado con Susan en tres días. Apagué el teléfono y no he vuelto a prender desde entonces. Me siento molesto, decepcionado y triste, no me apetece hacer nada, ni siquiera escuchar su voz. Perdí el apetito y las ganas de tocar se fue a la mierda, no quería nada, ni de ir a trotar.
El timbre de la casa no dejaba de sonar y se quienes eran los que me estaban llamando, pero no quería abrirles, no quería escuchar sus voces y menos sus sermones. Seguro que acabaré golpeándolos y no quiero lastimar a nadie.
Para que me dejarán en paz, tomé un trozo de papel, escribí estoy bien y lo crucé debajo de la puerta principal y me volví a mi dormitorio con calceto escuchando los llamados incesantes de mis amigos.
Calceto es mi compañía en este momento. Ha sido mi hombro y quién no se ha separado de mi lado.
Es un gran compañero.
Dejé de insistirle a Daniela para que se lo llevara así que lo adopté, no me gustan los animales, menos los perros pero él no se que tiene que ha cautivado mi corazón y por eso decidí quedármelo porque tenía pensado dejarlo en uno de esos refugios.
Me animé un poco después de estar metido todo el día en la cama. Me metí al baño me di una lucha larga y me vesti rápidamente con algo ligero. Tomé a calceto entre mis manos y salí de mi edificio después de cuatro días de encierro.
Subí al coche y dejé a calceto en el asiento del copiloto. Él dio vueltas en círculos buscando acomodo, después de dar varias finalmente se acostó y dio un largo suspiro casi al mismo tiempo que hice el mío.
Quizás hablar con alguien diferente me levanté el ánimo.
Bajé del coche después de llegar a la cafetería, cuando entré me di cuenta que no había casi nadie dentro del local. Algunas de las mesas estaban recogidas y un chico estaba limpiando el piso.
-Buenas noches.
-Buenas noches - me respondió la muchacha que estaba detrás de la caja. Busqué con la mirada, mientras sentía que me observaba.
-¿Juliet?
-¿Quien?
-¿Juliet, está o ya se fue? - la muchacha me miraba confusa.
-Ella trabaja aquí.
-Disculpe, no conocemos a nadie llamado así.
Rodé los ojos.
-Jane, Jane Benavides.
-¿La Venezolana?- giré en redondo y me encontré de frente con un chico, el mismo que le habló en susurró a Juliet y la puso nerviosa.
-Si, ella, la estoy buscando. ¿Dónde está?
-Acaba de irse.
Miré la hora en mi reloj.
Ocho y veinte.
-¿Hace cuánto?
-Como unos...cinco minutos.
Asentí y calculé el tiempo que le tomaría llegar a su casa.
-Gracias.
Aporree la puerta del apartamento varias veces. Calceto descansaba en mis brazos y movió la cola cuando escuchó una mujer gritar al otro lado de la puerta. No era la de Juliet, era la de su amiga.
Cuando la puerta se abrió, y la imagen de Stephanie apreció frente a mi campo visual, no pude ignorar la reacción de mi cuerpo. No sé si era por la expresión de ella o porque ví a Juliet, recostada en el sofá.
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Antes de irte| Completa.
Teen FictionJane estaba consciente que su estadía en España seria algo gran desafío pero no tuvo previsto que conocer a Ezequiel durante su estancia, lo cambiaría todo, incluso su idea de marcharse.
