Extra 1

1.2K 83 17
                                        


Janette...

Camino despacio hasta la cama y me siento en el orillo. Ezequiel dormia profundo abrazando a la almohada. Su respiración era suave y determinada. Pasé mis dedos por su cabello y deposité un beso en su mejilla rosada. El pobre estaba agotado. Han sido meses de viajes por todo el mundo. En dos días volvemos a estar de gira y es en España.

Si en España.

El lugar que me hizo vivir experiencias únicas e inolvidables y que llevo escrito en un viejo diario. Que por cierto Zequi adora leer y me dice que lo haga historia.

Estamos en Italia en un antiguo hotel de la cuidad, con una hermosa vista de ella. Los chicos y yo quedamos agotados, como cada noche después de cada concierto. Es increíble que mientras estas subida en el escenario no sientes ningún dolor pero al bajar, cuando la adrenalina baja empiezas a sentir dolor por todas partes.

He cantado con los chicos desde que emprendí mi viaje con ellos. Los fans lo aclaman y me siento parte de la banda aunque muchas chiquillas no lo aprueban, ya que dicen que soy una aprovechada, una oportunista y esas cosas que hacen los fans. Al principio era un misterio, porque nadie sabia de mi. Ahora estoy en todos lados. Tanto  para bien como para mal.

Los chicos me aconsejan que no me agobie por los comentarios xenófobos y racista de los críticos y los infantiles de los seguidores y que me quede con los buenos, aunque sean pocos.

La relación entre Zequi y yo en todos estos increíbles meses han sido indescriptibles. He notado un Ezequiel tan maduro y diferente en el buen sentido. En unos de los países que visitamos nos encontramos a Jacob y me sorprendió que no haya puesto caras o me haya reclamado porque corrí a abrazarlo. Él estaba tranquilo y saludó al chico de los patines como si fueran los mejores amigos del mundo. Jacob estaba pasmado y me preguntó si era el mismo Ezequiel que le hacías señas obscenas o le ponía caras de querer matarlo cuando estaba cerca de mi.  Mi chico de los suéteres lo confirmó. La cara de Jacob fue un poema y me preguntó en secreto si estaba tomando algún hongo extraño. Si, el cambio de Ezequiel ha tenido a todos muy sorprendidos y me encanta, juro que me encanta en todos los sentidos.

Dejé un beso en su mejilla antes de levantar y aprecié como fue dibujando una sonrisa. Me detuve, y volví a mi posición esperando que sus ojos me captaran. Cuando lo hace mi corazón vibra y se me escapa una sonrisa de felicidad. Me acerqué otra vez y dejé un segundo beso en la comisura de sus labios.

—Hola.

—¿Qué tal?

—Algo cansada—sus ojos azules viajaron hacia mi pequeña pancita y se levantó de la cama de un salto.

—¿Ya vas tener al bebé?—preguntó alarmado sentándose a mi lado.

—Solo llevo cuatro meses.

—¿Segura que todavía no viene?—negué con una sonrisa y besé sus labios entre abiertos.

—Si, segura —dijo volviéndose hacia mi —.Tranquilo.

—Vale —susurró y soltó una risita entre tranquila y nerviosa.

—Voy a ducharme.

—¿Te ayudo?

—Estoy embarazada, no invalida.

—Venga, te ayudo — negué y me acerqué para darle beso cortito.

Me levanté y me siguió los pasos hasta el baño en donde me desvestí al mismo tiempo que él. Sus ojos azules hicieron una inspección de mi cuerpo y se posaron en mi barriguita. Se acercó y colocó sus manos alrededor, le dejó varios besos y le habló en susurró.

Antes de irte| Completa. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora