Capitulo 34

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Janet

Abrí los ojos y volví a cerrarlos por la luz incandescente de la naturaleza, me dolía el cuerpo y una rodilla sin razón aparente. Creí que iba a despertar al lado sobre Zequi. No me sorprendió que su cuerpo haya sido reemplazado por las almohadas.

Es muy típico de él.

Todos estaban en la mesa y detuvieron su conversación cuando me incorporé a al grupo. Zequi me hizo señas para que me aproximara y lo hice arrastrando los pies pesadamente. Sentía que la cabeza me iba a explotar en cualquier momento.

Me quedé a su lado frotándome los ojos tratando de acostumbrarme, al ruido, al olor y la luz, a todo.  Las manos de Zequi prensaron mi cintura haciéndome vibrar un poco del susto. Me condujo hasta sentarme en su regazo. El calor de su pierna se mezclaron con las mías.

Parece loco, pero el único olor que puedo soportar en mi estado, fatal, es el de él.

—Buenos días bella durmiente.

—Podrías hablar más bajito —pedí de forma sutil para no sonar grosera.

—¿Cómo amaneces? — acató mi orden, su voz salió suave y dulce.

—Terrible — expresé adolorida —, me duele la cabeza. Siento que me va a explotar.

—¿Cuánto bebiste anoche? — investigó, y negué con la cabeza arrugando la cara. Una oleada de náuseas invadió mi sistema. No quería contestar pero Eduard lo hizo por mi.

¿Cinco?

¿Pero que era?

No sé, no escuché bien y tampoco quiero indagar. Solo deseo que me pase este dolor martillador que me está matando.

—Si no estás acostumbrada a beber no deberías hacerlo, July — reprendió y su voz sonó muy parecida a la que mi papá usa cuando me regaña.

Toda la vida lo hizo de una manera tan dulce. No me sentía juzgada o mal. Sabía que había cometido un error y procuraba a no volverlo hacer o tener más cuidado.

Muy contrario a mí mamá. Que me trataba con dureza y como si yo no tuviera derecho a equivocarme.

—Era el momento, ya, no me regañes. Gracias la gerencia — los demás rieron en murmullos. Escuché un click y levanté la mirada. Adrián sonreía detrás de su móvil.

Zequi lo miró intrigado, y este sonrió así mismo con un aire de interés.

—No me hagan caso.

—Nadie lo hará, créeme — dice odioso mi novio, tan él — . No eres tan interesante. Cómo este cereal.

—Muchas dicen lo contrario.

—¿Quién? — cuestionó de forma burlona —. ¿Tu mamá?

—No, Janette.

Su cuerpo se movió debajo de mi. Y vi la maldad de Adrián en sus ojos.

Hice una negación.

—Lo único interesante en su vida soy yo.

—Y Charles Letcrer — añadió, echándole más leña al fuego —. ¿O no Jany?

—Bueno...

—Oye — reclamó.

Rei despacio y tente su mano para entrelazarla con la mía. Pero me rechazó.

—Mejor toma esta pastilla y deja de pensar en tonterías — no dije nada, la verdad no tenía fuerzas para discutir.

—¿Qué hora es?

—Preocúpate por curarte — evadió.

—Es una de la tarde —contestó la voz de spencer y casi me ahogo con el agua. Zequi golpeó la mesa y Adrián le pegó directo en la nuca.

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