Janee...
Mis ojos miraban el techo, mis manos estaban en la boca. Había despertado hace cinco minutos y he estado así en esa posición. Zequi había vuelto reemplazar las almohadas por su cuerpo.
Estuve procesando todo. Detrás mis manos había una sonrisa ancha que no puedo parar y dentro mi pecho un palpitar incontrolable.
Anoche imaginé de formas distintas nuestro recorrido por la torre Eiffel. Nunca percibí que delante de aquel histórica maravilla del mundo, Ezequiel me besaría.
Sigo en shock, no puedo dejar de pensar en nuestros rostros cerca y nuestros labios juntandose. La imagen está tan pero tan presente como la sensación de sus suaves labios que me dan cosquillas por todo el cuerpo.
Fue tan maravilloso, tan bonito y tan real que si lo contara, nadie no me lo creería.
Bueno en este caso mi mamá y mis hermanos, quiénes decían que nadie me daría un beso.
Pegué la nariz en su almohada por unos largos minutos, mirando con precaución hacia la puerta, me daría vergüenza que me encontrara oliendo sus pertenencias.
Está olía delicioso, olía a él, tan fresco y varonil. Me gustaría saber que marca de colonia usa, porque es exquisita y casi adictiva.
Estoy ansiosa por escribirlo en mi diario — que por cierto va por la mitad —. Tal vez deba que cambiarlo antes de diciembre porque cada día los anécdotas son más grandes y está abarcará más de cuatro páginas, porque describiré todo lo que viví.
Froté mis ojos y me bajé de la cama sin borrar mi sonrisa mientras una sensación de alegría me recorría el sistema.
Antes de asearme caminé de puntillas por el helado piso hasta el balcón. La torre estaba allí, rodeada de una suave neblina. Era una vista hermosa, incluso mejor desde este ángulo. No sé cuánto tiempo estuve allí contemplando el paisaje cuando sentí mis mejillas endurecidas por el frío.
Salí del balcón, me metí al baño y me cepillé los dientes, con la mirada puesta en el espejo reviviendo todo, otra vez con una sonrisa y con una mano en mis labios.
Zequi entró a la habitación no se a que horas, justo cuando me estoy poniendo las zapatillas. El rubor inundó mi rostro al recordar lo que había pasado anoche.
Me dedicó una sonrisa normal mientras accedía a la habitación, con todo su esplendor. Se veía muy tranquilo, alegre como si no estuviera nerviosa cómo me puse yo, con su presencia.
Me saludó en francés y mi cara fue un poema al escucharlo. Sus carcajadas se escucharon por toda la habitación.
Sabia que era buenos días, pero no esperé que me lo dijera en otro idioma.
—Buenos días, supongo.
Se detuvo a mitad de camino y alzo las cejas con superioridad.
—Y después dices que Jacob es un presumido — su sonrisa se esfumó casi al instante e hizo una mueca de fastidio. Ojalá me dijera la razón de su desprecio, es el único que no lo soporta— . ¿Cómo siguen los chicos?
—Están mucho mejor — me acercó la taza que tenía en las manos y estiré el brazo. Maldije por dentro al ver que me estaba temblando la mano, él no se percató porque se distrajo en su teléfono.
Respiré de alivio.
Hubo un silencio, en el que solo se oía el marcando las teclas y yo soplando el líquido caliente para no quemarme, disimulando todo lo que me estaba provocando su cercanía.
—¿Cómo dormiste? — preguntó al terminar chatear. Había una sonrisa amplia en sus labios, no quise mirarlo pero la curiosidad me ganó y verlo hacer ese gesto, me dolió.
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Antes de irte| Completa.
Teen FictionJane estaba consciente que su estadía en España seria algo gran desafío pero no tuvo previsto que conocer a Ezequiel durante su estancia, lo cambiaría todo, incluso su idea de marcharse.
