Capitulo 30

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Ezequiel...

Los ojos de mis padres se clavan en el sofá . Miré hacia abajo y Jul tenia la cara cubierta con ambas manos por los costado podía ver sus mejillas ruborizadas. Volví hacia ellos quienes me dieron una mirada descalificativa y desaparecieron de mi campo visual sin emitir una sola palabra.

Rodé los ojos con fastidio y llevé a Juliet a mi habitación casi arrastra. Ella no quería moverse del sitio. Me costó un mundo convencerla que mis progenitores estaban en su estudio y no la habían visto. Casi le da un ataque de nervios y comenzó a preocuparse sobre la  opinión de mis padres.

—Jul no le hagas caso —le digo — .A ellos también se le calentaron las hormonas y lo hicieron como conejos por todos lados, ¿o como nacimos el petardo y yo? ¿Por arte magia? ¿Por satélite?

Rió ligeramente ocasionando que sus hoyuelos de sus mejillas se manifestaran. Sonreí  malicioso y la empujé hacia atrás sobre mi vieja cama. Su voz soltó un gritito de susto cuando me subí sobre su cuerpo. Coloqué ambas manos a cada lado de sus hombros y me incliné para besarla. Trató de impedirlo pero me le impuse, ataqué sus costillas ya que había hundido los labios para evitar el beso.

Segundos después de luchar  sonreí campante mientras devoraba su apetecible boca. Tenia un sabor esquicito, como a cereza o fresa, no lo sé pero es deliciosa y quisiera estar pegado a su todo los malditos días. 

Los besos fueron y vinieron haciendo pausas para respirar, para jugar y reír a carcajadas como si no tuviera un asunto pendiente. Esos minutos agradables fueron interrumpidos por el llamado de mi madre desde el otro lado de la puerta.

Puse los ojos en blanco y miré a Juliet que estaba recostada sobre mi hombro a punto de quedarse dormida. Logré que se calmara y olvidara la opinión de mis papas. Me estaba contando un anécdota gracioso y sexy de su vida, donde por culpa de una ola quedó sin la parte arriba de su bañador o como le dicen ellos traje de baño.

—Ezequiel.

—¿Que?

—¿Podéis venir?

Resoplé con irritación. Miré unos segundos a Juliet antes de ponerme de pie. Me acerqué y besé su frente. 

—Tranquila ¿si? —susurré cepillando sus mejillas con mis pulgares — . En un momento vuelvo y quiero que me vuelvas a contar como quedaste sin bañador.

—¿Otra vez?

—Quiero visualizar ese momento — dije.

—Era plana.

—Igual hubiese sido una delicia haber estado allí

Carcajeó ruborizada.

—Ahorita nos vamos.

Asintió y le dejé otro beso en su frente. Solté un respiro y giré el picaporte.

Mi madre estaba allí de pie. Quiso meter su nariz dentro mi habitación y la cerré antes que pudiera ver.

—¿Por qué no me dejaste saludar?

—¿Para qué? —la enfrenté — . ¿Para juzgarla? ¿para hacerla sentir mal? por dios mamá como si tu jamás lo hubieses hecho. 

Apartó la mirada. 

—No estoy haciendo nada distinto a lo que tu y Andrés hacían en su juventud —bajé el tono de mi voz — .Aquí traje a Susan muchas veces y nos encontraste en situaciones peores y no dijiste una sola palabra al respecto. Estabas encantada.

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