35. Troya y Pompeya

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―La nigromancia ha estado presente en la Historia desde casi su inicio, se considera la rama de la hechicería que se concentra en la adivinación mediante la invocación de espíritus

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La nigromancia ha estado presente en la Historia desde casi su inicio, se considera la rama de la hechicería que se concentra en la adivinación mediante la invocación de espíritus. Al menos, esta era su percepción en la Antigüedad ―leí, tomando las primeras notas que Carmen había dejado en las primeras hojas―. Con el paso del tiempo, y la presencia de la Iglesia, se empezó a vincular con la magia negra y la demonología. Sin embargo, resulta curioso encontrar que la primera nigromante fue la Bruja de Endor, representada en uno de los libros de la Biblia, el Deuteronomio, para prevenir contra los peligros de ese tipo de magia. Su relato se vincula con el del primer rey de Israel, Saúl, en su lucha contra los filisteos.

«Saúl buscó la ayuda de Dios, y al no obtener respuesta, encontró una oportunidad en los muertos, especialmente en el profeta Samuel. Pero para ello, aún con la ley que denunciaba y prohibía la práctica de adivinación, hizo que sus hombres hallaran a la bruja para asociarse con ella en su intento por encontrar consejo en el espíritu de Samuel. Sin embargo, cuando la bruja, también considerada una necromante por la magia que practicaba, hizo saber al rey que había sido abandonado por Dios y que iba a morir al día siguiente, las noticias de su destino no fueron bien recibidas.

Resulta que Saúl murió no uno sino tres días más tarde. Las escrituras no muestran qué sucedió con la mujer, pero sí lo que el rey israelí necesitó para que la bruja aceptase sus demandas.

Sangre. Necesitó de sangre humana para llevar a cabo el deseo de Saúl».

Tragué saliva.

Mis ojos se enfocaron en el dibujo que Carmen debió hacer al momento en el que escribió sus notas. Era una mujer muy bella y hermosa, pero su rostro estaba cubierto de las mismas líneas que tomaban posesión de Caos o de mí cuando el hambre se hacía insoportable y robaba los controles de nuestra consciencia. No había ningún fragmento de la Biblia junto a las palabras de Carmen, solo el boceto de la que debió ser la Bruja de Endor, de la primera nigromante de la Historia.

Pero, ¿por qué Carmen necesitó ir tan atrás en el tiempo?

Mi atención volvió a las notas, intrigada por lo que mi difunta amiga había hallado en su investigación, aterrorizada por lo que hubiera podido encontrar sobre mí y los secretos que quise ocultarle a ella y al resto del grupo, de mi familia. Mis deseos de mantenerlos seguros, a salvo del mal que representaba la magia, y por ende, Agnes, no fueron lo suficiente poderosos para que mi único propósito se cumpliera.

Pasé de página y continué leyendo.

Desde fechas muy tempranas, ya en la Edad Media, los grimorios de magia hablaban de la nigromancia con connotaciones negativas, no con la transcendencia cultural que tuvo en la Antigua Roma por la relevancia que tuvo la lectura de vísceras para el desarrollo de la vida urbana, comercial y guerrera. No, por supuesto que no. La influencia cristiana se presentó dentro de los parámetros de la hechicería con detalles tan insignificantes, muchos siglos antes de que la quema de brujas diese comienzo. ―Carmen había colocado unas fechas concretas de algunos libros de magia de origen medieval, con tachaduras a sus lados, como si los hubiese consultado a medida que avanzaba más en la carrera hacia la verdad―. No he encontrado en ninguna de las fuentes que se conservan hoy por hoy nada que mencione la necesidad de consumir sangre en aquellas personas que se iniciaran en las artes mágicas de la brujería. Sí está, no obstante, la habitual mención de esta como ingrediente para pócimas, o incluso, para su uso como tinta especial a la hora de dibujar círculos mágicos de invocación.

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