40. Un futuro ideal

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― Caos―

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Caos


Había monstruos de los que deseabas desprenderte para siempre, olvidando hasta como se veían en tus recuerdos, porque si se difuminaban en tus memorias no podían atormentarte en sueños. El tiempo me enseñó que no todos los deseos se cumplían, aunque te merecieras el más pequeño de ellos hecho realidad. Tampoco es que pudiera quejarme mucho al respecto, algo sí había conseguido.

Emma estaba de vuelta en la montaña, a mi lado y al de Cristian. Quizás no de la forma que me hubiese gustado, con los problemas solucionados y todos felices otra vez. Pero era mejor que nada. Pude acariciar de nuevo su mejilla, verla sonreír mientras estaba con Nate y los nuevos amigos que habían hecho en su tiempo aquí, incluso observar cómo su rostro se iluminaba cuando se quedaba mirando en silencio a Cristian antes de ser absorbido por un halo de tristeza y melancolía. Tenerla cerca no era mi pequeño deseo, había muchos otros en menor medida. Aun así estaba agradecido con que hubiese sido ese el que se hiciera realidad.

Aunque el pago hubiese sido tal alto...

Porque, al final, después de todo, eran momentos como esos los que valían la pena. El más reciente para mí suponía el más importante: esas horas en las que los tres compartimos la cama de invitados, cuando Cristian y yo nos tumbamos junto a Emma cuando cayó dormida, manteniéndonos alerta para no despertarla y poder disfrutar de su cercanía sin asustarla.

Ese tipo de situaciones merecían la pena por muy mal que fuesen las cosas.

Pero había algunos monstruos que hubiera deseado no desenterrar del pasado.

Esa era mi verdad, y tarde o temprano no podría seguir escondiéndola.

Antes de conocer a Emma o a Cristian, cuando todavía pasaba mis días aburrido en el subterráneo con la única compañía de Torquemada y mis títeres, sabía que Agnes debía de seguir viva en alguna parte del amplio planeta que me había impedido conocer por tantos años. De algo la tendría que haber servido tenerme tantos años encerrado, después de haberme traicionado de la forma en que lo hizo. Agnes tenía muchos siglos a su espalda, no se trataba de un error como el de Emma, impulsado por otros cercanos a ella y agravado por las dudas de alguien acorralado. No, el caso de esa bruja era muy diferente al de my dear. Agnes había planeado todo durante meses, cosechando cada ingrediente, pieza o eslabón que necesitaba, hasta que tuvo listo su plan y dejó que cayese en su trampa con los ojos tapados.

Emma actuó por miedo. Era joven, podía equivocarse.

Agnes no tenía esa baza para defenderse, era malvada y perversa. Alguien que mantener lejos de las personas que apreciabas si no querías perderlas entre terribles sufrimientos. Porque la forma en la que ella mataba no era rápida e indolora, prefería ser original con sus víctimas para recordar a cada una de ellas en su antigüedad.

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