Capítulo 2, pío! 🐥

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Con su teléfono emitiendo un molesto sonido insistente que lo despertó de las profundidades de su sueño, Jimin sacó su brazo entre el montón de mantas que cubrían su pequeño cuerpo y la apagó sin verla realmente, volviendo rápidamente a su escondite.

Sintiéndose feliz y extra cómodo, el cambiaformas pollito, soltó un suave sonidito alegre y se acurrucó más en su cama en forma de nido, instintivamente buscando los rayos de sol que se colaban entre las cortinas de su ventana.

Cuando estos bañaron su rostro suavemente, en una tierna caricia cálida, el omega soltó un pequeño pío alegre en un suspiro.

Realmente, dormir era lo que más le gustaba a Jimin y su pollito luego de tan estresante día de trabajo.

Y el solo recordar los pasillos del hospital en el que trabaja, más su jefa de enfermeras Kim Ye-rim, las cejas de este pollito se fruncían en descontento y preocupación.

Realmente, Jimin había conocido personas que eran simplemente malas, era imposible no toparse con uno o dos a lo largo de la vida, pero... Esa mujer era realmente malvada desde lo más profundo de su corazoncito de piedra con él, sin importar sus intentos para agradarle.

Sin importar lo que hiciera o dijera, todo lo encontraba mal, horrible, un error fatal.

Y no se trataba simplemente de que la mujer era malhumorada con todos, aunque en realidad si lo era, pero el omega pollito sabía que parecía concentrarse y desquitarse especialmente con él, cosa que lo deprimía un poco ya que, ¿quién realmente deseaba trabajar con una mujer que constantemente estaba mirando sus puntos malos y nunca los buenos?

Sí, tal vez él tenía un ligero problema al ver sangre que ocasionalmente terminaba con él desmayándose sin aviso, pero ese era el único problema que realmente tenía, todo lo demás era pasable, sabía lo que hacía y sus pacientes lo amaban.

Y aun así, su jefa solo se concentraba en lo torpe que era, lo que generalmente era... Siempre.

Pero no era su culpa.

Solo pasaba que al no poder cambiar a su pollito, lo tenía muy presente en su forma de ser y eso le tenía nervioso, ya que no era normal estar hablando y que dulces píos se le escaparan de la nada, ni que estuviera dejando plumas en cada lugar en el que se sentara.

No se suponía que los humanos normales hicieran eso.

Su secreto podía ser descubierto de esa forma y eso sería muy, muuuy peligroso, pero por supuesto que eso era algo que su pollito no quería entender y siempre intentaba empujar en él.

Prácticamente sentía la excesiva energía exaltada de su pollito que le pedía cambiar todo el tiempo, como en ese mismo momento, que aun en lo que intentaba seguir durmiendo, el omega lo sentía en su mente piando y moviendo sus patitas como si escarbara en el suelo, pidiéndole salir.

—Pero no puedo hacerlo... —murmuró, luchando por abrir sus ojitos.

Por supuesto que su pollito no le escuchó y volvió a empujar en su mente, soltando píos tras píos.

Soltando un sonidito frustrado al no poder disfrutar de unos minutos más de sueño, el rubio omega sacó sus manos debajo de las mantas y restregó sus ojos en forma de puño, abriendo su boquita en un gran bostezo en el proceso.

—Solo no te enojes si no podemos, pío —expresó acomodándose en su desordenada cama llena con mantas y su ropa que formaban su apreciado nido.

Luego de mudarse solo a su departamento, había descubierto que dormir en un nido le ayudaba a no solo tener un mejor sueño, si no que tranquilizaba a su pollito y le brindaba una sensación de confort que no lograba encontrar en ninguna parte.

Quiéreme bonito, pío! 🐥Donde viven las historias. Descúbrelo ahora