Entre el Pasado y el Presente

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En medio de una noche bañada por la luminiscencia celestial, se alzaba un palacio divino de una magnificencia indescriptible... Sus paredes eran de un azul resplandeciente, resaltando con los destellos dorados que decoraban sus bordes.

Columnas altas y esculpidas se alzaban como guardianes etéreos alrededor, sosteniendo un techo que parecía imitar el vasto cielo estrellado... El aire en este reino parecía estar impregnado de un resplandor mágico, como si cada brisa transportara consigo la esencia misma de la divinidad.

En el centro de este palacio, en una habitación sumida en la penumbra de la noche, resonaba el llanto agudo y tierno de un bebé.

En el centro de este palacio, en una habitación sumida en la penumbra de la noche, resonaba el llanto agudo y tierno de un bebé

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Cada gemido y sollozo parecía ser un eco de su conexión con lo trascendental... La cuna de ensueño estaba adornada con delicadas enredaderas doradas y telas etéreas que parecían tejidas por las mismas manos de los Dioses.

De repente, pasos apresurados resonaron en el pasillo y la puerta de la habitación se abrió de par en par... En el umbral se erguía la majestuosa figura de la Diosa Amaterasu, su radiante presencia llenando la estancia con un calor divino.

Su semblante reflejaba una mezcla de ansiedad y amor incondicional, como si cada latido de su corazón estuviera entrelazado con el destino del pequeño ser en la cuna

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Su semblante reflejaba una mezcla de ansiedad y amor incondicional, como si cada latido de su corazón estuviera entrelazado con el destino del pequeño ser en la cuna.

Con movimientos gráciles y decididos, la Diosa se acercó a la cuna... Su mirada, que irradiaba sabiduría ancestral, se posó en el bebé inquieto.

- Mira quién a despertado a mitad de la noche, mi bebito hermoso.

Sus palabras, susurros llenos de preocupación maternal, resonaron en el aire, como si el propio universo prestara atención a su conversación... Le habló con ternura, como si el lenguaje de los dioses pudiera ser entendido incluso por los más jóvenes.

- Babuahbua.. amama...

- Ven aquí mi pequeño sol.

Con manos que parecían tejer la luz misma, Amaterasu alzó al bebé en sus brazos... El contacto entre madre e hijo era algo más allá de la piel; era un vínculo entre lo humano y lo divino.

El Tesoro del Infinito. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora