El Comienzo de Algo que No Podrán Detener.

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El alboroto comenzó incluso antes de que el timbre anunciara el inicio de clases. Desde la entrada principal de la Academia Kuoh se extendía un murmullo creciente, primero curioso, luego exaltado, hasta convertirse en un verdadero hervidero de voces que recorría los pasillos como una ola imparable.

Estudiantes se detenían en seco, otros se asomaban por las ventanas, algunos corrían hacia la entrada con la excusa más pobre que encontraban: ir al baño, buscar algo en la mochila, "casualmente" pasar por ahí. Todo por una sola razón.

Issei avanzaba por el sendero que llevaba a la academia con paso tranquilo, casi arrogante, como si no notara las miradas que se clavaban en su espalda. Su expresión era serena, pero había en ella algo distinto, una sombra peligrosa que no pasaba desapercibida.

No era solo atractivo; era ese aire de chico malo, de alguien que no pedía permiso ni disculpas, lo que hacía que más de una estudiante sintiera cómo se le aceleraba el corazón.

- ¿Quién es ese?

- ¿Es nuevo?

- Dios, míralo caminar.

Los susurros femeninos se mezclaban con risitas nerviosas, con miradas descaradas y sonrojos mal disimulados. Algunas chicas se llevaban la mano al pecho, otras a la boca, como si acabaran de ver aparecer a una celebridad en medio del campus.

Pero si Issei llamaba la atención, lo que lo rodeaba la multiplicaba por diez. A su lado caminaban cuatro mujeres que parecían salidas de un sueño demasiado perfecto para ser real.

Rossweise avanzaba con elegancia natural, su sola presencia imponía respeto; Ingvild caminaba cerca, con esa dulzura que contrastaba con su belleza serena; Lavinia sonreía de forma suave, provocando que varios chicos chocaran entre sí por no mirar al frente; y Nyx...

Nyx, para desgracia suya, cargaba con el equipaje. Mientras las demás habían guardado sin problema sus cosas en dimensiones de bolsillo, el Príncipe había sido claro con ella:

Nada de atajos, nada de comodidades. Tenía que llevarlo todo. Y ahí estaba, arrastrando una maleta que parecía pesar más que su paciencia, con una expresión que oscilaba entre el fastidio y el homicidio contenido.

- Te odio. De todas las torturas posibles, eliges esta.

Issei ni siquiera se dignó a mirarla. Caminaba con las manos en los bolsillos, completamente indiferente al sufrimiento de la diosa detrás de él.

- Considera esto ejercicio. Te hará bien.

Nyx apretó los dientes.

- Yo destruyo mundos, no cargo equipaje.

Pero su queja se perdió entre el bullicio que crecía a su alrededor. Del lado masculino del alumnado, la escena era otra historia completamente distinta.

Bocas abiertas. Ojos salidos de sus órbitas. Algunos chicos se quedaban congelados como estatuas, otros empujaban a sus amigos para asegurarse de que no estaban soñando.

- ¿Eso eso es real?

- ¿Cuatro con él?

- No es justo, simplemente no es justo.

Rossweise, Ingvild, Nyx y Lavinia caminando juntas era como lanzar una bomba estética en medio del patio escolar. Cada una con su propio encanto, cada una destacando de una manera distinta, pero todas con un efecto devastador sobre la moral masculina.

Más de un estudiante sintió cómo su espíritu se quebraba al ver a semejantes bellezas acompañando al mismo sujeto. Y ese sujeto, para colmo, parecía no darle la menor importancia.

El Tesoro del Infinito. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora