—No hagas lo correcto sin ser astuta.
Mi abuela no hablaba mucho. Pero cuando lo hacía, yo callaba. Porque de su boca solo salían verdades, consejos y cariño. Siempre la veneré, la idolatré, y la quise más que a nada en el mundo.
Amaba cepillarme el cabello y cuando estaba en su casa, yo solo quería que ella lo hiciera. Y eso hacía, frente al tocador de mi habitación, me cepillaba el cabello. Con mis ojos de niña, la miraba a través del reflejo.
—No seas astuta sin hacer lo correcto.
Volvió a cepillar, desde las raíces hasta las puntas. Y otra vez.
—No uses tus aptitudes sin ser amable.
Una vez más.
—Y nunca seas amable sin usar tus aptitudes.
Dejó el cepillo sobre el tocador y se agachó para pegar su mejilla contra la mía y observarme a través del espejo, dejando ver una tierna sonrisa que me contagiaba.
—Pero, sobre todo, no hagas nada de eso sin ser valiente.
...
Un recuerdo. Eso es lo que ella me dejó cuando se fue. Unos consejos que supe guardar bien. Siempre me había asegurado de mantenerlos ahí, en algún lugar de mi mente.
Pero un día fallé y, por consiguiente, a ella también. No supe seguir sus pasos ni hacer lo correcto. Entonces fue cuando todo cambió por mi culpa.
Me prometí no volver a cometer ese error. Tenía que recordar sus consejos, y así procuré hacerlo desde entonces. Y, sin embargo, a veces la vida te pone otros caminos que quizás no fuesen los correctos para muchos, pero sí aquellos por los que merece la pena luchar.
En aquel momento, allí, tirada en el suelo, envuelta en hojas y ramas rotas, no sabía qué era correcto o no. No veía el camino. Estaba confundida y cansada.
La sangre resbalaba por mi frente y seguía su curso por el lateral del rostro. La herida estaba abierta y no sabía si estaba perdiendo demasiada sangre. Estaba completamente aturdida. Mareada. Pero no podía cerrar los ojos. Tenía que hacer lo correcto y ser astuta. Tenía que usar mis aptitudes y ser amable. Y, sobre todas las cosas, ser valiente.
No podía quedarme allí sin hacer nada.
Reuní todo el valor y esfuerzo que me quedaba. Apoyé mis temblorosos brazos en el suelo y me puse en pie con bastante dificultad. Me tomé unos minutos para respirar y calmarme antes de comenzar a dar pasos. Tragué saliva con cuidado, dejando a un lado mi malestar.
Porque eso era lo correcto.
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DHARMA
Romance«𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐧 é𝐥 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥. 𝐍𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐦𝐞. 𝐃𝐞𝐬𝐞𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨.» La vida de Effie en el exclusivo instituto St. Joseph es un equilibrio entre la invisibilidad y la humillación. Tras haber sido...
