40

536 25 60
                                        



ʙᴜᴛ ɪɴ ᴛʜᴇ ᴇɴᴅ, ɪᴛ ᴅᴏᴇꜱɴ'ᴛ ᴇᴠᴇɴ ᴍᴀᴛᴛᴇʀ



Dallas, Texas

2018


—¿Ha habido suerte?

—No, nadie sabe nada, chico —dijo el hombre, adoptando una expresión apenada.

—No se preocupe —respondí con una sonrisa cortés, aunque apagada—. Gracias de todas formas.

El hombre de la recepción del motel en el que me hospedé al llegar a la ciudad quiso echarme una mano para buscar un trabajo. Por alguna razón, se preocupó por mí cuando le pregunté si necesitaban personal. Estuve preguntando en distintos establecimientos de la ciudad e hice algunas entrevistas, aunque no recibí noticia alguna.

Mientras tanto, estuve hospedándome en la habitación de un viejo motel. Fue el segundo donde fui a parar. El primero no era demasiado agradable y, a pesar de que este último era algo más caro, al menos era seguro y me trataban bien.

—¿Has perdido algo? —escuché decir nada más salir de recepción.

Le reconocí enseguida, pues su habitación estaba a dos puertas de la mía y a veces coincidíamos cuando salía a tomar el aire. Se llamaba Brandon y era un buen tipo. Debía tener unos cincuenta años, le gustaba hablar de su juventud, fumaba como si le fuese la vida en ello y le divertía mi acento. Ni siquiera sé cómo terminé contándole que había huido como un cobarde de mi vida anterior, supongo que era fácil hablar con él.

—No, solo estoy buscando trabajo —respondí al acercarme—. Me dijo que preguntaría a todo el que pasara por allí por si alguien estaba interesado.

—Pero no ha habido suerte.

—Eso es —admití, dejando salir el aire, derrotado—. Es más difícil de lo que pensaba. Al parecer, en ningún sitio de la ciudad necesitan a nadie.

—Está algo difícil, sí. Pero al final encontrarás algo, siempre hay alguien que necesita una mano extra —dijo, dándome unos cuantos golpes con la mano abierta sobre mi hombro.

—Eso espero. Necesito dinero antes de que se me acaben las provisiones.

—¿Has pensado en que quizás ese acento que tienes traiga ciertos problemas?

—¿En qué sentido? —cuestioné con el ceño fruncido.

—Puede que, al escucharte hablar, den por hecho que vienes de otro sitio y, claro, dar trabajo a extranjeros no suele gustar a muchos. Necesitas papeleos y toda esa historia.

—Claro, no había caído. —Me froté la nuca, pensando en lo idiota que era por no haber pensado en eso antes—. ¿Existe algún modo de conseguir un permiso de forma rápida?

—Lo dudo, el tema burocrático se toma su tiempo. Pero yo podría solucionarlo, si quisieras.

—¿De verdad? Pues sería genial.

—Sí, podría conseguirte a alguien con quien pudieras casarte.

Debió de quedárseme una cara de horror demasiado expresiva porque el tío se partió de risa hasta tal punto que comenzó a toser.

—Me caes muy bien, chico —añadió con una sonrisa torcida mientras comenzaba a encenderse un cigarro—. Y aunque esa opción sigue disponible, entiendo que te deben interesar más los papeles sin mucha complicación. Puedo conseguírtelos, tengo contactos. Y serían papeles de los buenos, de los que no se borran con saliva. —Me guiñó un ojo mientras expulsaba el humo—. Eso sí, no es algo barato y, una vez se empieza, no se puede echar para atrás.

DHARMADonde viven las historias. Descúbrelo ahora