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ʏᴏᴜ ꜱʜᴏᴏᴋ ᴍᴇ ᴀʟʟ ɴɪɢʜᴛ ʟᴏɴɢ


No podía dejar de pensar en él. Me gustaba y mucho. Desearle nunca me había parecido tan correcto.

Jamás había pensado que una persona podría sentir tanto y al mismo tiempo. Era algo extraño y curioso. Sobre todo, porque la razón fuese otra persona. Y cuando los dos colisionábamos se sentía como un viaje astral, algo difícil de explicar. Aunque para entonces ya tenía claro el nombre de todo aquello.

Seguíamos allí besándonos en aquel lugar tan libidinoso puesto que no éramos los únicos allí entregándose. Estaba dispuesta a todo, no tenía dudas ni iba a arrepentirme después.

Las manos de Kilian eran incapaces de mantenerse quietas y las mías tampoco perdían el tiempo, ambos estábamos igual de desesperados. Si bien aquello me estaba encantando, fui consciente de lo que hacíamos y donde lo hacíamos cuando un par de tíos se me quedaron mirando al mismo tiempo que Kilian había sacado uno de mis pechos bajando un tirante del vestido y se lo llevó a la boca. A pesar de la luz, era evidente lo que hacíamos al igual que el resto que nos acompañaba a unos metros de distancia.

—Kilian, ¿podemos ir a algún sitio más privado? —pedí cuando aun lo sentía mover la lengua jugueteando con el pezón.

Se despegó de él y volvió a cubrirlo con la tela del vestido devolviendo el tirante a su sitio. La chaqueta de Cailin cayó al suelo cuando me la quitó, así es que me apresuré en recogerla y agarrar la mano que él me ofrecía. No había que ser muy inteligente para comprender que estando allí, el mejor lugar y el más privado eran los baños. Tampoco era el Edén, pero ¿qué más podía pedir? Al menos no tendría las miradas curiosas de los drogadictos morbosos encima. Preferí no contarle aquello a Kilian, quien sabe lo que habría ocurrido con ese par.

Eran los baños de mujeres cosa que agradecí. Nos adentramos en uno de los cubículos y tras asegurarme de que el cerrojo estaba echado, solté la chaqueta y el bolso en el suelo y a él lo pegué a la pared. Desde hacía tiempo tenía algo en mente, algo que me generaba inseguridad y que vi la ocasión perfecta para ello. En cuanto conectamos miradas, algo me decía que Kilian sabía de mis intenciones y lo vi tragar saliva con fuerza.

Di un paso hacia él y sin dejar sus ojos, me arrodillé sobre el frío, sucio y húmedo suelo.

—No tienes que hacerlo.

—Es que me apetece —pronuncié con la cabeza inclinada hacia arriba.

Y no lo veía como una moneda de cambio a lo que él me había hecho, realmente sopesé hacerlo muchas veces cuando estábamos en ello, pero nunca lo tuve tan claro hasta ese día.

Comencé elevando las manos hasta alcanzar el cinturón y desabrocharlo, después vino el botón y la cremallera. Tiré de ellos hacia abajo, solo hasta la mitad de los muslos y contemplé con la luz pobre del baño, el bulto que había bajo los boxers.

«Dios, sí.»

Pasé la mano con delicadeza, delineando su largura y comprobando el grosor. Sentía cómo me miraba y lo noté inquieto cuando dejé un beso sobre la tela. Volví a alzar la vista y fui consciente del deseo que ardía en sus ojos, en sus labios, incluso en los movimientos de sus manos caídas a ambos lados de su cuerpo. Estaba siendo prudente.

—Vas a tener que enseñarme. —No dejé de acariciarle—. Puede que no vaya a hacerlo bien.

A pesar de estar a punto de perder la paciencia, me explicó cómo le gustaba a él que se lo hiciera y yo intenté captar lo máximo posible. Quería que le gustase, aunque fuese a ser mi primera vez, una más que tachar con él.

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