ᴀʟʟ ᴛʜᴇ ɢᴏᴏᴅ ɢɪʀʟꜱ ɢᴏ ᴛᴏ ʜᴇʟʟ
Comencé a subir las escaleras cuando comprobé que nadie tenía la atención sobre mí. Por lo general, no había una regla estricta sobre subir a las clases durante el almuerzo, pero sí que despertaba curiosidad. Así conseguí llegar a la segunda y solitaria planta, con el corazón a punto de salírseme por la garganta. Iba a hacerlo, o más bien, tenía que hacerlo si no quería sufrir algún tipo de consecuencia, fuese cual fuese.
Y allí estaba, la puerta de los baños de chicas de la segunda planta. No había nadie en los pasillos y debía darme prisa si no quería ser vista. Antes de meterme en uno de los cubículos, revisé la nota una vez más. No podía permitirme un solo fallo.
Entré en el indicado y cerré con pestillo. No sabía cuántos iban a acudir, ni cuándo iban a hacerlo, así que solo esperé con la bolsa en la mano. Tampoco tenía idea de qué eran y prefería no saberlo por mi bien; al menos si me pillaban y me interrogaban, mi desconocimiento podía ser algo clave. O tal vez no serviría de nada y ya estaba condenada al mismo infierno solo por realizar una venta.
Pasaron diez minutos y aún no había acudido nadie. Revisé la hora una y otra vez, deseando que el tiempo se acabase o que al menos realizase la primera venta. De esa forma conseguiría calmarme, aunque fuese solo un poco.
Entonces se abrió la puerta. Oí los pasos que avanzaban por el baño y no supe qué era peor, que no fuese nadie o que sí lo hicieran. Me sentí completamente expuesta aun teniendo una pared de por medio, temía que me pillasen de alguna manera. Había demasiadas formas de husmear por los baños. Solo bastaba con echar una miradita y ya me tenían.
«Mierda, ¿y si es un profesor? ¿Y si ya vendieron aquí y conocen el lugar de venta?»
No dejaba de repetirlo en mi cabeza, y como respuesta, mi cuerpo dejó de respirar para no hacer ruido. La puerta a mi izquierda se abrió y gracias a la iluminación, vi la sombra entrando en el cubículo y cerrando tras de sí.
—¿Tienes papel? —la voz del chico me sorprendió, podía ser cualquiera.
—S-sí... —conseguí decir instintivamente, pero entonces me quedé en blanco. Había un protocolo escrito en el papel que no recordaba, estaba tan preocupada porque no me pillaran que olvidé memorizar lo que yo tenía que responder. Comencé a buscar la nota en el interior de mi bolso, pero no conseguía encontrarlo.
«Mierda. Mierda. Mierda...»
—¿En qué baño estás?
¡Era eso! Esa era mi frase. No sabía quién se encontraba al otro lado, pero le di las gracias mentalmente.
—A tu derecha —respondí de inmediato.
Segundos después, dos billetes de veinte dólares se deslizaron por la ranura del baño contiguo. Y dos billetes significaban dos bolsitas. Rápidamente las cogí y las mostré junto a su mano, que no tardo en atraparlas. Hice lo mismo con los billetes.
En ese instante entendí por qué estaba allí. Durante la fiesta debieron de haber realizado la misma transacción, pero mi llamada fue una clara distracción, más que nada porque estaba fastidiando un negocio. Aquel grupo tuvo que coger las pastillas y correr sin pagarle. Entendía que el camello lo hubiese pagado conmigo. Fui una estúpida y esa era la consecuencia.
—Gracias —añadió tras el trueque de una forma seca y distante.
Dicho eso, tiró de la cadena y salió del baño sin decir nada más. Fue, sin duda, lo más raro que había hecho en mi vida.
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DHARMA
Romance«𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐧 é𝐥 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥. 𝐍𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐦𝐞. 𝐃𝐞𝐬𝐞𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨.» La vida de Effie en el exclusivo instituto St. Joseph es un equilibrio entre la invisibilidad y la humillación. Tras haber sido...
