'ᴄᴀᴜꜱᴇ ɪ ʟɪᴋᴇ ᴛᴏ ᴅᴏ ᴛʜɪɴɢꜱ ɢᴏᴅ ᴅᴏᴇꜱɴ'ᴛ ᴀᴘᴘʀᴏᴠᴇ ᴏꜰ
—¿Qué tiene que hacer Kilian para empezar a tatuar?
—Effie.
—¿Quieres tatuar? —El hombre que sostenía la máquina de tatuar levantó una ceja y miró al que estaba en la camilla.
—Bueno, era una idea —respondió el susodicho desde su postura de medio lado, tumbado sobre la camilla.
—Es —corregí—. Sí que quiere tatuar a pesar de lo que te diga. —Puede que me ganase la mirada que me estaba echando, pero estaba claro que necesitaba que lo tirase a la piscina.
—Pues lo primero es saber dibujar, o al menos controlarlo. —Agradecí que me respondiera a mí en lugar de a él.
—Sabe dibujar, créeme. —Abrí los ojos enfatizando mis palabras.
—Luego comprarse alguna máquina para practicar —añadió el tatuador, que parecía contento por dar consejos de iniciación—. Y estoy seguro de que te has estado fijando en cada tatuador que te ha puesto una aguja encima, sabes cómo hacerlo.
—¿Crees que sería malo que se apuntase a algún curso? —me apresuré a preguntar antes de que el cascarrabias comenzase a quejarse de la conversación.
—Con los cursos no se aprende a tatuar, pero es un comienzo, un primer contacto, y no estaría mal para aprender conceptos básicos. De hecho, conozco a alguien que imparte uno de forma presencial, luego te paso el contacto.
Miré a Kilian con una sonrisa que pretendía animarlo a que lo hiciese, aunque sabía que debía seguir dándole la tabarra. Me prometí apuntarlo yo misma si él no daba el paso.
Y sí, se estaba tatuando.
Cuando me preguntó si quería que lo acompañase, lo primero que le dije fue: "¿Pero te queda algún hueco por rellenar?". Él se limitó a reírse y entonces pensé en sus glúteos; digamos que los tatuajes de la espalda y los de las piernas no llegaban a conectar. En cuanto lo sugerí, negó con la cabeza. "¡No me digas que en la cara! ¡Kilian, ahí no te tatúes nada!", chillé realmente preocupada. Y volvió a reírse de mí.
Pero no, no era en la cara donde tenía la aguja martilleándole la tinta, sino en la cabeza. Se rapó al cero salvando la parte de arriba y esa zona fue el nuevo lienzo para el tatuador. Ni siquiera entendía bien el diseño; era una mezcla de geometrías con letras extrañas parecidas a las de su espalda. Aun así, le iba a quedar estupendo, como todo lo que se hacía. De esa forma conectaba con los tatuajes del cuello y podría decirse que estaba tatuado de la cabeza a los pies.
Era la primera sesión de tres, y cada una duraba varias horas. Aunque Kilian afirmaba que lo más probable era que con la segunda fuese suficiente.
—¿Te duele? —cuestioné cuando el tatuador proclamó un descanso y se fue a por algo para beber.
—Sí. Pero puedo soportarlo, tengo experiencia —respondió con algo de arrogancia.
—Pues si tan experto eres en dolor, ¿a qué esperas para torturar a otros con tinta?
—Mira que eres pesada —dijo con una sonrisa abrasadora. ¿Por qué me torturaba a mí de esa forma?
—Sí. De hecho, voy a pedirle el nombre de la academia en cuanto vuelva y me encargaré de apuntar el número en tu teléfono.
—Ajá, ¿y me echarás la crema en el tatuaje antes de irte a tu casa también? Eso me interesa más.
—No, creo que ya eres bastante experto en eso como para hacerlo solito —se la devolví sacándole la lengua y arrugando la nariz. Solo provoqué que se riera de mí. Pero no me importaba, iba listo si pensaba escaparse esa vez.
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DHARMA
Romansa«𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐧 é𝐥 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥. 𝐍𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐦𝐞. 𝐃𝐞𝐬𝐞𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨.» La vida de Effie en el exclusivo instituto St. Joseph es un equilibrio entre la invisibilidad y la humillación. Tras haber sido...
