39

507 32 74
                                        



ᴅᴀᴍᴇ ᴜɴ ʙᴇꜱᴏ ʏ ʙᴀᴊᴀᴍᴇ ᴅᴇ ʟᴀ ᴄʀᴜᴢ



—¡No! —dije abruptamente, levantándome de la silla y plantándome en el suelo sin saber muy bien qué hacer.

Todos giraron la cabeza en mi dirección, salvo el preso, que no había despegado sus ojos de los míos, lo contrario a la última vez.

Cada pensamiento de marcharme del mundo se desvaneció en aquel instante. Por muy confundida y dolida que estuviese con él, verlo allí era una leve esperanza. ¿Para qué, si no, habría ido hasta allí? Debía pensar rápido, no podía dejar que lo matasen. Tenía que quitarle esa idea de la cabeza a Ralph y solo encontré una forma de centrar su atención en algo distinto.

—No... papá, no lo mates. Por favor... —supliqué en un tono suave. Quería que lo escuchase, que lo disfrutase, y en cuanto vi su expresión al mencionarle con esa palabra, supe que podía jugar mis cartas.

Sonrió levemente, entrecerrando los ojos con orgullo al escucharme llamarlo como tanto ansiaba. Aun así, no se apartó ni de Kilian, ni de los guardias.

—¿No? —preguntó, aun mostrando la sonrisa—. ¿Por qué no debería matarlo, hija mía?

—Porque estoy enamorada de él. Lo quiero —respondí, concentrándome en los ojos de Kilian. Si aquello no salía bien, quería que al menos supiese lo que se encondía en algún lugar de mi interior.

Lo que más dolió fue ver su reacción. Porque volvía a ser el mismo Kilian que yo había conocido y no el témpano de hielo que me drogó y mató a dos personas a cambio de dinero, dejándome sola con un auténtico psicópata.

Ralph se quedó completamente asombrado, y por un instante pensé que no había sido tan buena idea. Podía ser que no quisiese compartir mi amor y decidiera eliminar a cualquier persona a la que quisiera. Se giró hacia Kilian para después volver a mirarme. Ensanchó aún más su sonrisa lunática, como si de pronto se hubiese dado cuenta de algo. Rompió en carcajadas, lo que me dejó aún más confundida.

—Ahora lo entiendo —habló entre risas hasta que procuró calmarse. Dio un paso hacia Kilian, metió las manos en los bolsillos del pantalón y dobló su cuerpo para así tenerlo más cerca—. No has venido hasta aquí por dinero, has venido por mi hija. ¿Es así? Responde.

—Sí —contestó Kilian con decisión, manteniendo su mirada firme en mí, que aún me hallaba en la misma posición, con el corazón en un puño.

—Entiendo. —Se acercó más a su oído—. Mi hija te ha dicho que te quiere, ¿la quieres tú?

—Sí, la quiero —afirmó con la misma determinación.

Ralph colocó una mano sobre su cuello tatuado, apretándola con fuerza y cerrando el acceso de aire que disponía. Me sobresalté al pensar que terminaría matándolo.

—No me lo digas a mí, díselo a ella —gruñó, pegando la boca a su oído mientras su mano apretaba cada vez más.

El rostro de Kilian se volvió rojizo y hasta se le saltaron las lágrimas. Yo, en cambio, estaba desesperada, sufriendo por él y rogando en silencio que lo soltase. Lo hizo de un momento a otro y volvió a enderezarse como si nada.

Kilian tosió como pudo. Aquellos guardias seguían teniéndolo bien sujeto. Una vez cogió aire suficiente y tragó saliva, volvió a fijar sus ojos sobre mí mientras aún derramaban algunas lágrimas.

DHARMADonde viven las historias. Descúbrelo ahora