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ʏᴏᴜ'ʟʟ ᴍᴇᴇᴛ ᴀɴ ᴀʀᴍʏ ᴏꜰ ᴍᴇ


Me lo prometió.

Dijo que no moriría, y confiaba en él. Pero no lo vi al día siguiente de su promesa, y era imposible ser positiva en aquellas circunstancias. Sabía que estaría en alguna de las pruebas de Ralph, pero, ¿qué clase de prueba le llevaría casi dos días?

Me costaba hasta tragar saliva, no podía mantenerme quieta y estaba cansada de ver aquellos árboles del infierno. Pero no me quedaba nada más que hacer, porque era imposible poder centrarme en otra cosa.

Y mientras, pensé mucho en lo que hablamos. Nunca lo había visto así, estaba cansado y completamente vulnerable. Se había abierto ante mí, de rodillas. Buscando aceptación a sus disculpas, pero no un perdón, porque sabía que no se lo merecía. Entendí quién era yo al principio de todo eso: la última pieza en su puzle. Estaba desesperado por salir de aquella vida en la que se había metido y yo era símbolo de libertad. Aún no sabía cómo había terminado en ese mundo, pero, al parecer, no soportaba que Reed estuviese también implicado.

Quería salvar a su hermano, pero no esperaba tener que preocuparse por su única vía de escape. Por esa razón, dejarme en los brazos de Ralph era la única manera.

Me ahogué en mis pensamientos al comprender que ese era mi destino, que tarde o temprano un padre iba a reunirse con su hija, costase lo que costase. Y que, si no llegase a ser por Kilian, puede que no hubiese existido manera alguna de salir.

Porque confiaba en él y en la palabra que me dio: íbamos a salir de allí.

La puerta se abrió a mi espalda y, a pesar de odiar las vistas, no despegué los ojos de la ventana. Temía girarme y no encontrarlo. Los pasos se acercaron y, en cuanto vi su reflejo en el cristal, cogí aire y lo solté temblorosa, dejando salir un gemido de alivio al tiempo que cerré los ojos. Cuando volví a abrirlos, me centré de nuevo en su reflejo.

—¿Puedes abrazarme? —supliqué en un tono trémulo, cargado por la angustia que había sentido.

En cuanto dio un paso más y pasó sus brazos bajo los míos, arrimándome al calor de su cuerpo, dejé de temblar. Ni siquiera me había dado cuenta de que mi cuerpo no descansaba hasta que él no volvió a unirse a mí.

Apoyé la cabeza en su pecho y nos quedamos allí, en silencio. No sabía de cuánto tiempo disponíamos esa vez a solas, tal vez un poco más que la última vez, pero me dio igual. Estaba bien, y eso era lo único que me importaba.

—¿Qué has tenido que hacer? ¿Por qué has tardado tanto?

—Quería comprobar mi autocontrol, solo eso —murmuró.

—Y lo has pasado —dije más para mí.

Suspiré porque no tuvo que enfrentarse a nada peligroso y porque lo hubiese hecho bien. Eso significaba que seguiría conmigo al menos hasta la siguiente que se le ocurriera a ese chalado. Llevé mis manos a los brazos tatuados que me envolvían y comencé a acariciarlos, recordando cómo era su tacto.

—¿A Reed le pareció bien que hicieses esto? Que vinieses aquí por mí, a pesar de las consecuencias.

Hinchó su pecho de aire antes de responder, al mismo tiempo que tensó los brazos bajo mis manos.

—No le gustaba la idea. Pero tampoco que tuvieses que estar aquí. Lo entendió. Después de todo, me ayudó a pensar en el plan.

—Ya le debo caer bien si dejó que su hermano arriesgase su vida para venir a por mí.

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