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ᴛú ᴇʀᴇꜱ ᴍɪ ᴏᴍᴇɢᴀ


Abrí los ojos cuando un rayo de sol atravesó mis párpados. Me dolía la cabeza y sentí la sangre seca romperse cuando arrugué el ceño. Seguía en el bosque, pero era de día. Pronto me di cuenta de que estaba echada sobre el cuerpo al que me aferré. Sin embargo, cuando lo hice, sentí su corazón latir, luchando por hacer funcionar el resto del cuerpo.

Y en ese momento... en ese momento, estaba frío.

Me incorporé de inmediato, olvidándome de mis heridas y dolencias, y lo miré a la cara. Estaba blanca. Su pecho no subía ni bajaba, no se movía, no respiraba.

—No... —susurré, inclinándome sobre él y trasteando su cuerpo en búsqueda de alguna señal de vida—. No, me niego. No puedes hacerme esto.

Busqué su pulso, su calor, algo. Pero no había nada, solo un cuerpo sin alma cubierto de heridas.

La tristeza me avasalló y un abismo se abrió en mi pecho, consumiéndome violentamente por dentro.

—¡No! —grité desesperada mientras la pena se derramaba por mis mejillas. Lo agarré de la ropa manchada con mi sangre y con la suya, zarandeándolo con la esperanza de que abriese los ojos, pero no hubo respuesta alguna—. Despierta, te lo ruego... Por favor, Kilian, me lo prometiste...

Terminé echándome sobre él, llorando desconsoladamente, aferrándome a su cuerpo y dejándome llevar por la desolación. No había sentido algo similar antes, superaba cualquier cosa. Era algo demasiado grande para mí y no sabría vivir con ello. Me quedaba sin aire, me ahogaba en las lágrimas y expulsaba todos mis lamentos con alaridos. Nada había servido.

—¡Effie!

Escuché que me llamaban, incluso me tocaron pretendiendo separarme de su cuerpo, pero no lo haría. No quería. Me hundiría en la tierra con él.

—¡Effie! ¡Eh!

Y en ese instante, el bosque desapareció, como el frío de su cuerpo y los rayos de sol a través de los árboles de aquel infierno.

Abrí de nuevo los ojos, jadeante y aturdida.

No había bosque. No había cuerpo.

Tenía delante de mí a una persona que me miraba con preocupación, esperando a que reaccionase, pero seguía estando perdida. Las lágrimas que salían de mis ojos fueron lo único que me traje del sueño que parecía haber tenido. No sabía dónde estaba ni quién era esa persona. Tan solo quería saber si realmente había salido de la pesadilla.

—¿Dónde está Kilian? —cuestioné con la voz rota.

—Effie, tranquila. Soy Simon, ¿me recuerdas? Fui a tu casa a curar a Kilian una vez. —Lo enfoqué bien cuando ya me hube habituado a la luz de la habitación. Sí lo recordaba, ese chico rubio con gafas que estudiaba medicina—. Estamos en Brașov, Rumanía, en un hotel. —¿Ruma...? ¿Qué? —. Te estaba revisando la herida cuando has empezado a moverte y a llorar. Solo era un mal sueño.

Y, aun así, no me había respondido. Por lo tanto, no podía sentirme aliviada de saber que había sido solo un sueño.

—¿Dónde está Kilian? —insistí, demorándome en cada palabra.

Simon suspiró antes de responder.

—Está bien, se está recuperando.

Cogí aire para después soltarlo entre los estremecimientos de mi cuerpo, expresando así mi consuelo.

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