ᴅᴇʀ ᴢᴡɪꜱᴄʜᴇɴ ᴍᴇɴꜱᴄʜ ᴜɴᴅ ᴛɪᴇʀ
¿Cómo se despierta uno de una pesadilla real? A veces es difícil salir de ellas, de las oníricas, quiero decir. Te desagradan, pero en el fondo sabes que son solo ilusiones y que, tarde o temprano, despertarás, sea como sea. Pero, cuando la pesadilla es real, ¿cómo se supone que debes salir de ella?
Aquella era tan real que ni siquiera podía refugiarme en las pesadillas de mis sueños. Estaba rota, agotada de temblar y de vivir con miedo. Vivía condenada a esa realidad, obligada a sentirla sin descanso. Era una maldita tortura.
Quise tener fe, porque dicen que es lo último que se pierde. Pero, al parecer, también había decidido abandonarme. A la tercera semana dejé de buscarla.
La pesadilla real comenzó nada más poner un pie en aquella mansión perdida de la mano de Dios. Desde el primer instante, contaba con varias doncellas que me perseguían allá donde fuera y me trataban como si fuera un tesoro que más valía que cuidasen. Durante las primeras semanas, ellas se encargaban de vestirme, alimentarme y me sacaban a pasear por los terrenos dentro del área permitida. No gesticulaba ni pensaba demasiado, mi alma flotaba en un limbo o caía al vacío. Ya no quedaban lágrimas ni lamentos, solo miedo, reservado para aquellas situaciones en las que debía convivir con ese monstruo que me llamaba hija.
—Levántala y quítale el seguro, ya sabes cómo —dijo a mi lado con esa voz grave y profunda que haría callar a los pájaros de nuestro alrededor.
El bosque me resultó aterrador desde el primer momento en que lo vi. Tal vez, en otras circunstancias, habría sido diferente. Trataba de centrarme en respirar aquel aire pesado y cargado de humedad, que, a pesar de la época, seguía siendo frío, por ello, deduje que debíamos encontrarnos en algún lugar del norte o en alguna zona alta.
Antes de viajar tras aquella fatídica noche, volvieron a sedarme. Ralph insistía en que era por mi seguridad, pero yo siempre pensé que era más bien por la suya. Al despertar, ya estaba tumbada en la cama de "mi habitación". Y tampoco había salido más allá de las limitaciones: todo el perímetro estaba vallado y vigilado por hombres armados, con cámaras en cada rincón. Estaba completamente segura de que, si alguien entraba o salía sin permiso, condenaría su vida. Por ello, desconocía por completo el lugar exacto donde nos encontrábamos.
En aquel momento, estábamos en la zona de coto de caza, así me lo presentó Ralph cuando insistió en enseñármelo todo, después de que finalmente dejara de gritar cada vez que se acercaba a mí. Había entrado en un estado de shock traumático, una desconexión emocional, pero despertaba de ello cada vez que se aproximaba. Por alguna razón, había sido benevolente y paciente con mi situación. Cada día se acercaba un poco más, intentando hablarme, mientras yo solo me retorcía en los brazos de las doncellas, que hacían un enorme esfuerzo por sostenerme. Me resignaba a dormir con el miedo de que algo ocurriera mientras dormía o de volver a tener pesadillas. Así fue como aparecieron aquellas manchas oscuras bajo mis ojos, cada vez más evidentes.
Al final, consiguió lo que quería: mantenerme a su lado para "desarrollar la relación que nunca tuvimos", según sus propias palabras. Debo comer a su lado cada día, en todas las comidas, y pasar tiempo juntos por la mañana, por la tarde y algo por la noche, antes de volver a mi celda.
Ante mis ojos se extendía la explanada del oscuro bosque, que, a pesar de ser por la mañana, los árboles no permitían que los rayos atravesaran sus frondosas ramas. La primera vez que lo acompañé a cazar, estuve completamente tensa y aterrorizada por ver cómo iba a matar a un pobre animal. Jamás imaginé que llegaría a desear que, al menos, tuviera cuatro patas en lugar de dos.
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DHARMA
Romance«𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐧 é𝐥 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥. 𝐍𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐦𝐞. 𝐃𝐞𝐬𝐞𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨.» La vida de Effie en el exclusivo instituto St. Joseph es un equilibrio entre la invisibilidad y la humillación. Tras haber sido...
