ɢᴏ ᴀɴᴅ ꜱɴᴇᴀᴋ ᴜꜱ ᴛʜʀᴏᴜɢʜ ᴛʜᴇ ʀɪᴠᴇʀꜱ
—¿Y cómo era la fiesta?
—Pues... diferente.
Cailin estaba acostada sobre su cama comiéndose un bol de fruta picada mientras me pedía que la pusiera al día con lo que pasó el viernes. Alucinó con que una chica desconocida fuese a vestirme para una fiesta.
La miré desde mi posición, estaba sentada a su lado.
—¿En qué sentido? —cuestionó, con la boca medio llena.
—A ver, es que no se parecía en nada a lo que estamos acostumbradas a ver en la ciudad. Era en algún punto a orillas del río Hudson por la parte de Nueva Jersey, es todo lo que sé. Había una barra montada totalmente improvisada, coches que parecían altavoces con ruedas, un DJ, luces por todas partes... Y mucha gente. Bebían, fumaban a saber qué y, si yo estaba allí, pues se drogaban con lo que se vendía.
—¿Y nadie llamó a la policía?
—Si tratas de reírte de mí...
—¡No! —Soltó una carcajada a lo que yo también terminé por unirme—. Lo digo en serio. ¿Una fiesta ilegal a orillas del Hudson? ¿Con alcohol, maría y pastillas? ¿Y no va la policía?
—Pues no sé. No había casas alrededor. En realidad, era una buena zona para ello. Algo lejos, pero supongo que es la intención.
—Me hubiera gustado verla.
—Créeme que no, era horrible. Había gente muy rara. Todos bailaban apretados y apenas llevaban ropa, imagina sentir el sudor de un desconocido. Por no hablar de los babosos que quieren llevarte por ahí, podría haber salido en las noticias muerta a orillas del río.
—¡No digas eso! Qué escalofrío —exclamó con una expresión de horror.
—Yo solo quería irme de allí. Así que al ver que para ellos la fiesta seguía, me aparté. Entonces Kilian se sentó a mi lado, me vio llorar y me dijo que me llevaba a mi casa.
—¿Enserio? ¿Se ofreció?
—Estaba llorando, supongo que tuvo un momento de humildad.
Terminé tumbándome sobre la cama con la cabeza al lado de los pies de Cailin y coloqué las manos inquietas sobre el vientre, pensativa.
Lo más insólito de la noche del viernes no fue la fiesta en sí, ni siquiera que Kilian se ofreciera a llevarme a casa. Él me llamó Effie por primera vez y parecía... ¿arrepentido? No sabría explicarlo bien. Fui rápida y apenas lo escuché con claridad, pero la forma en la que ocultaba su rostro con sus manos me pareció un acto de lo más extraño. Esa imagen fue en la que pensé durante la noche, porque no, apenas pude dormir.
El sábado lo pasé encerrada en mi habitación viendo películas para distraerme de todo a mi alrededor, aunque a veces recaía en mis más oscuros pensamientos. Por eso, acepté con gusto pasar el domingo junto a Cailin. Hemos paseado por Central Park, visitado algunas tiendas y tomado un chocolate caliente. Y no fue hasta que llegamos a su casa que me atreví a contarle lo que pasó el viernes, lo de mi madre y la fiesta. Me hizo bien contarlo en voz alta.
—Lo de tu madre es fuerte. Desde luego que no entiendo lo que se le pasa por la cabeza. No creo que hicieras mal en contárselo a tu padre, quizás deberías aceptar lo de mudarte con él cuando seas mayor de edad.
ESTÁS LEYENDO
DHARMA
Romance«𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐧 é𝐥 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥. 𝐍𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐦𝐞. 𝐃𝐞𝐬𝐞𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨.» La vida de Effie en el exclusivo instituto St. Joseph es un equilibrio entre la invisibilidad y la humillación. Tras haber sido...
