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ᴡᴇʟᴄᴏᴍᴇ ᴛᴏ ᴛʜᴇ ᴊᴜɴɢʟᴇ



—¡Effie! —gritó mi amiga desde unos escalones más abajo, esperando a que bajara junto a ella—. ¿Qué haces?

El corazón, que por unos instantes se había paralizado, de nuevo comenzó a palpitar y lo hizo de forma apresurada. Mi mirada se mantenía sobre aquel tipo y su coche. Y mis pensamientos no dejaban de divagar en la pasada noche y lo mal que se sintió la hoja afilada sobre mi cuello, además de su intensa mirada asesina sobre mí. Parpadeé un par de veces antes de mirar de nuevo a Cailin, quien arrugó sus cejas al no entender qué me sucedía.

Terminó subiendo de nuevo los escalones y se colocó a mi altura. Todo lo que pude mostrar fue miedo, mucho, además. El cuerpo se me descompuso y lo único que quería era vomitar.

Pensé si debía contárselo o mantenerla alejada. Podía fingir que todo estaba bien y no preocuparla, pero no tenía ni idea de qué podía ocurrir una vez subiese a ese coche. Por eso, vi conveniente que al menos supiese la situación en caso de que algo malo me pasara.

—Effie... —Se dirigió a mí colocando una mano sobre mi brazo mientras sus ojos me examinaban—. Estás pálida. ¿Te encuentras bien?

—Cailin —dije con voz trémula—. El otro día, en la fiesta... me ocurrió algo horrible.

—¿Qué? —Su expresión pasó de extrañeza a preocupación en cuestión de segundos.

—Cometí un error y tuvo consecuencias —expliqué, empeorando el estado de Cailin, y creo que aún esperaba que le dijese que era una broma, aunque por desgracia no lo era—. Pero voy a solucionarlo, o eso espero... —Ella no sabía qué decir, en parte porque no tenía ni idea de a qué me estaba refiriendo—. Escucha, quiero que vayas directa a tu casa y no mires atrás, no intentes acercarte a mí o detenerme. No puedo dejar que te metas tú también. No tengo ni idea de qué sucederá o qué será de mí, pero ya no hay vuelta atrás, no puedo hacer nada.

—Effie, dime qué pasa —salió de su garganta en una voz llena de angustia. No dejó de mirarme conteniendo las lágrimas.

—Te prometo que después te lo contaré todo. —Le di un abrazo para luego comenzar a bajar las escaleras, pero me detuve para darle otra indicación que en ese momento creí oportuna—: Si no aparezco en veinticuatro horas, llama a la policía.

Quizás eso fue lo que terminó por hacer que sus lágrimas salieran y recorrieran su rostro mientras me observaba bajar las escaleras. Mis piernas no funcionaban bien, temblaban como la gelatina y por un momento creí que iba a caerme en redondo. No me sentía bien y con toda la razón, los nervios y la angustia solo me causaban náuseas. Deseé cerrar los ojos y que al abrirlos me encontrase en la clase de historia junto a Dexter intercambiando mensajes. Pero aquello era una pesadilla real de las que no podía despertar, porque ya lo estaba.

Cuando volví a mirar al frente, él continuaba sin quitarme el ojo de encima. ¿Cómo pude pensar creer que solo fue un susto y que no volvería a verle? Maldije el momento en el que decidí ser responsable de la fiesta.

Logré bajar sin caerme y tuve que cruzar la carretera para llegar hasta él. No me atreví a mirarle, me intimidaba demasiado. Sentía que me observaba sin mover un músculo hasta que escuché cómo dejó salir una risa nasal.

—Te agradezco que no hayas intentado huir, no me apetecía correr detrás de una adolescente con uniforme —pronunció mientras abrió la puerta del copiloto para que me subiera.

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