QᴜÉ ᴘᴇɴᴀ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ Qᴜɪᴇʀᴇꜱ ᴀʟɢᴏ, ᴘᴇʀᴏ ᴅɪᴏꜱ ᴛɪᴇɴᴇ ᴏᴛʀᴏꜱ ᴘʟᴀɴᴇꜱ ᴘᴀ' ᴛɪ
Colgué el vestido en la puerta de mi armario para evitar que se arrugase. Cada vez que lo miraba, me era imposible no imaginarme bailando con Dexter en la fiesta. Sin embargo, desechaba esa idea de inmediato, pues tal vez no llegase a ocurrir. Lo único que deseaba era que, al menos, supiera mi nombre.
Tras aquel primer curso, no volvimos a coincidir en ninguna clase, lo que hacía imposible que intercambiásemos palabra alguna. Pero entonces, lo vi entrar en la clase de historia a principio de curso. Me quedé helada mientras lo observaba sentarse dos filas más atrás. Con esa sonrisa divina y esa luz que parecía rodearlo hicieron que las dos horas semanales se convirtieran en mi momento favorito.
Si mi padre no se hubiese marchado, quizás podría haberle sugerido que invitase a los Lexington a uno de sus eventos y entonces allí puede que nos hubiésemos conocido mucho antes. Pero mi vida en la alta sociedad acabó en el momento en el que mi padre decidió divorciarse de mi madre cuando tenía once años.
Mi padre, Colin Green, o más conocido como el Dr. Green, poseía una clínica privada de alta clase de herencia familiar, inaugurada a principios del siglo XX. Sus clientes estrella siempre fueron celebridades conocidas mundialmente. Era el dueño heredero y, además, cirujano. Disfrutaba mucho de su trabajo. La familia Green siempre había formado parte de la alta sociedad, como también de organizaciones contra la pobreza, entre otras.
Antes de que mi familia se destrozara, vivíamos en el prestigioso Upper East Side. Éramos una familia unida, cariñosa y elegante, a la que invitaban a brunchs, cócteles y fiestas privadas. Pero entonces, todo se vino abajo.
Mi madre no tenía nada que ver con la socialité hasta que se casó con mi padre, así que, cuando firmaron los papeles de separación, ella quedó completamente desterrada de todo aquello por lo que había hecho. Se aseguró nuestra custodia y nos mudamos a un barrio más asequible dentro de la ciudad. Seguíamos viendo a mi padre los fines de semana desde entonces, y se aseguró de que no nos faltase de nada. Se hizo cargo de nuestros estudios y por esa razón asistía al St. Joseph. Nada más llegar, los rumores sobre nuestra situación no tardaron en correr: era la pobre entre los más ricos de Manhattan.
—Creo que habrá cincuenta, seguro.
—O veinte.
—No, cincuenta —replicó Cailin haciendo un esfuerzo por vocalizar ya que tenía un bocado de sándwich de pavo en la boca.
—Si tú lo dices... —mascullé mientras abría un paquete de patatas fritas sabor a queso, siempre fueron mis favoritas.
—¿Crees que vendrá alguien del equipo de lacrosse? —cuestionó con la boca ya despejada.
—¿Sinceramente? No lo creo.
Nos encontrábamos sentadas en las gradas junto al campo de lacrosse, era el lugar donde nos conocimos y donde siempre nos habíamos sentado a la hora de comer porque apenas había gente. Por no hablar de las buenas vistas y con ello me refiero a los jugadores.
—Tus exageraciones no tienen limite —comentó poniendo los ojos en blanco, era algo muy usual en ella, pero luego dejó un suspiro desviando la vista hacia los jugadores—. Ojalá mi primer novio fuese jugador de lacrosse.
—Ojalá mi primer novio fuese el semidiós —soñé junto a ella. Utilizaba esa palabra para referirme a Dexter cuando hablaba en público. No me habría gustado que, por casualidad, estuviese cerca y llegara a convertirse en una situación bochornosa. O que quizás apareciese una avispa con ganas de cotilleo.
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DHARMA
Romance«𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐧 é𝐥 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥. 𝐍𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐦𝐞. 𝐃𝐞𝐬𝐞𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨.» La vida de Effie en el exclusivo instituto St. Joseph es un equilibrio entre la invisibilidad y la humillación. Tras haber sido...
