1
Ya estaba amaneciendo por fin. Me había pasado la noche deseándolo, porque me fue imposible conciliar el sueño. Había demasiadas cosas en mi mente.
Al menos volvía a tener el privilegio de verla dormir.
Ella descansaba sobre mi pecho, envolviéndome con sus brazos y tan resplandeciente como recordaba. Respiraba con fuerza, lo que me indicaba que estaba profundamente dormida y me reconfortaba saber que por fin descansaba tras tanto tiempo sin hacerlo.
Cuando la vi en aquella casa, su estado reflejaba el calvario que había vivido y eso fue un peso más que cargué sobre mis hombros por haber tardado tanto tiempo en llegar. Aunque eso ya formaba parte del pasado, ella lo dijo, habíamos comenzado de nuevo. Y no había mejor manera que dormir todo lo que necesitaba, dejando que su mente descansase al fin.
Yo no corrí la misma suerte. Todavía había demasiadas incógnitas por resolver. No había pensado en un plan para mí, para cuando todo esto acabara, porque, para ser sincero, no descartaba que quizás no saldría vivo de allí. Lo único que tenía claro era que ella debía volver a su vida y vivirla como merecía, sin complicaciones más allá de los problemas terrenales. Sin mí, que siempre fui un problema con piernas. Por eso no solo no esperaba pensar en qué hacer después, sino que tampoco esperaba estar acompañado.
«¿Qué vamos a hacer? ¿A dónde vamos a ir?»
Eran preguntas que se repetían constantemente desde que acepté nuestro camino juntos, algo inesperado que me hizo tremendamente feliz.
Nunca se me dieron bien las despedidas, de hecho, siempre las había evitado. Y quise evitar la nuestra, pero cometí el error de no tener en cuenta lo testaruda que es y que se quedaría a esperarme. Tuve que armarme de valor para decirle adiós, y volví a ser un cobarde al dejarla con su familia sin decir mucho, sin luchar. Aceptando que no tendríamos un futuro juntos, por mucho que así lo desease, como tantas veces nos había imaginado.
Menos mal que ella sí que es valiente, y fuerte. Dejó marchar a su familia y toda su vida. Incluso su futuro en aquella universidad tan prestigiosa. ¿Por qué dejar tanto solo por mí? Al principio no le veía el sentido, pero consiguió convencerme de que no necesitábamos mucho mientras estuviésemos juntos. Me inspiró para luchar por lo que quería, como hizo desde el momento en el que la conocí.
Mi Euphemia.
Mi preciosa cinéfila.
Aún me preguntaba cómo se las había apañado para ver algo bueno en mí, y en cómo consiguió que mi corazón latiera, aunque no hizo falta que hiciera demasiado.
Besé con cuidado su frente, justo al lado de su herida, sin querer despertarla. Con mucho cuidado, conseguí salir de entre sus brazos, la tapé con la colcha y la dejé descansar en aquella cama de hotel.
Era la habitación en la que me había estado recuperando desde que nos sacaron de los terrenos de Ralph Allen. Simon me había estado atendiendo como le pedí y pagué que hiciera antes de que todo comenzara, no había otro como él. Y en ese momento estaba ella, haciendo que esa habitación pasara a ser nuestra. Sonreí admirándola, pensando que muchas cosas comenzarían a ser nuestras.
Joder, me sentía como un puto adolescente de quince años. Sabía que enamorarse iba a ser algo intenso, pero para nada a ese nivel.
Me vestí con uno de los pocos conjuntos que tenía y salí a dar una vuelta. No podía correr como acostumbraba por culpa de la herida en la pierna, pero al menos podía caminar un rato. Necesitaba pensar en algo, en lugares a los que ir, en cual sería el mejor para nosotros. Quería que fuese un sitio donde ella se sintiera cómoda. Tendría que conseguir un trabajo y sería genial que a Effie la aceptasen en algún centro para seguir estudiando.
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DHARMA
Romance«𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐧 é𝐥 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥. 𝐍𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐦𝐞. 𝐃𝐞𝐬𝐞𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨.» La vida de Effie en el exclusivo instituto St. Joseph es un equilibrio entre la invisibilidad y la humillación. Tras haber sido...
