Epílogo

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2056; Actualidad.

-Papá, ¿qué estás leyendo?-Me pregunta Chimène
intrigada.

-Ven, siéntate. -Digo con un gesto.

La adolescente con el pelo de su padre y los ojos verdes terminados en miel de su madre se sientan junto a mí con interés.

-Son mis reflexiones, todas las que he hecho hasta ahora.

-Creía que leías un libro interesante. Cuéntale las
historias que viviste a Eduard.-Contesta ella
levantándose. -Me voy a jugar al baloncesto, ¿vienes?

-Hasta que no acabe, no.

La chica se fue un poco de mal humor y me levanto
en busca de Eduard, mi otro hijo.

Ricitos para los amigos.

Cuando estoy bajando, encuentro a mi mejor amiga
con una barriga enorme y su criaturita dentro y a un niño de unos cinco años ayudándola a subir las escaleras.

- ¡Tito Tony! -Grita este.

-Hola Oli, ¿ayudando a tu mami?

-Sip. -Me contesta subiendo las escaleras.

Ayudo a Andy a terminar de subir las escaleras y me lo agradeció con un gesto en el hombro.

Bajo de nuevo las escaleras y veo la sala de reuniones con gente y sólo conocía a Russel y Chad que ponían orden en la sala.
Veo a Chimène tirar a
canasta mientras su madre le da el balón y canta distraídamente una canción de fondo. Me asomo a la biblioteca, pero para mi sorpresa no estaba mi
hijo allí. Termino yendo al gimnasio y está entrenando brazos sin camiseta.

Era igual que su hermana, pero sus ojos eran rasgados como los míos.

-Ricitos, ¿qué haces aquí?

El chico brincó por el susto.

-Joder, papá.

- ¿Qué has dicho? -Pregunto.

-Que, ¿cómo sabes qué dijiste sobre los atardeceres si estabas borracho? -Me responde él para cambiar
de tema.

-Me lo contó tu madre, además me encantan los
atardeceres y dije lo que pensaba de ellos. - Respondo dándole la camiseta.

El chico reflexionó un rato y luego me habla sin mirarme-como yo hago-.

Manías.

-Esta mañana me he encontrado a una chica de mi
edad que acompañaba a su hermano pequeño a hablar contigo sobre algo de baloncesto. Me quedé con ella y me contó una reflexión muy interesante sobre los distintos amores que hay en esta vida.
¿Podría escribirla en el cuaderno de tus reflexiones
papá?

-Claro, vamos con las chicas.

Por el camino a la pista de baloncesto, le propuse jugar un partido de baloncesto y luego otro de vóley a lo que él me contestó.

-Vamos a ganar en baloncesto y va a estar reñido.

-Tu hermana es buena al baloncesto.

-Igual que tú al vóley.-Responde con ironía.

- ¡Oye! -Grito persiguiéndolo hasta llegar.

-Arbolito, tú hijo dice que soy malo al vóley. -Acudo en busca de mi amada mujer.

-Es que lo eres. -Responden los niños a la vez.

-Se van a quedar sin mis sándwiches. -Ataco.

Chimène y Eduard se disculparon tantas veces que
me llevé a Emma a un lado con la excusa de que tenía que hablar con ella mientras ellos calientan.

-Amor mío, no los aguanto más.

-Es que son nuestras personalidades juntas. -Me
contesta ella riendo.

-Creo que debería comprarle más pistachos a Andy, ¿cómo nos podía aguantar cuando ellos no estaban? -Pregunto señalando a mis dos
preciosidades de hijos.

-No lo sé, es una santa.

-Era. -Dramatizo. -Ahora es una dramática.

Igual que tú.

Emma se rio de mí y yo como venganza la cojo como un saco de papas.

- ¡Suéltame! -Grita ella.

Los niños se giran hacia nosotras y fueron hasta
nosotros para hacerle cosquillas a su madre.

Cuando la suelto con los pelos revueltos y con cara de pocos amigos, le digo.
-Te quiero.

-Capullo.

Y le doy un pequeño beso antes de empezar los dos
partidos más emocionantes de la tarde.

FIN

Nada es lo que parece Donde viven las historias. Descúbrelo ahora