Año 16
10Ka, 50Ma.
Bajo Balgüim.La luna se había encogido considerablemente, trayendo el año decimosexto. El mundo se movía más rápido de lo que siempre había percibido Maya en todo su tiempo en Balgüim. Jasper tenía razón al decir que todo estaba cambiando, y eso significaba que Dlor también lo sabía.
Cuando la mujer penetró al santuario de reliquias sin ningún tipo de puerta que le impidiera el paso comprendió el porqué el rey temible no había restaurado el bloqueo a tan inaccesible lugar: La luz todavía se manifestaba en partículas, como si un orbe inmenso hubiera estallado y pepitas luminosas se afianzaran al aire libre. Las sombras ondulaban entre las columnas, temerosas de toparse con las partículas de luz. Trozos de cristal que habían pertenecido a algún tipo de envase se esparcían en el centro del salón y alrededor de un adelantado sistema científico que conectaba tubos a un órgano blancuso, hendido en carne viva y con raíces negras que lo delineaban en deformes incisiones. Latía lento sobre un aterciopelado cojín que flotaba a una altura prudente del suelo.
Y allá a unos metros, en un rincón apartado que se protegía de la luz, el dueño del corazón parecía marchito entre su propio ambiente, y se ocupaba con una prisa que nunca le había visto Maya en preparar un brebaje. Con la atención en sus tubos de ensayos y líquidos de colores podridos, el rey ni siquiera miró a la doncella.
—Eres más estúpida de lo estimado —soltó frotándose los ojos con irritación, al parecer había tenido problemas visuales en los últimos minutos—. Me has ahorrado la tarea de ir a buscarte.
Dlor le agregó algún tipo de especias a la bebida de la copa.
—¿Para matarme como has intentado con tu hijo? —Maya dio pasos al frente—. Eso no va a suceder.
Dlor hizo un intento por sobreponerse a la comezón que irritaba sus profundos ojos para mirar a la humana que osaba desafiarlo. En cuanto lograra tomar el antídoto que amortiguaba su enfermedad, que aligerara el corazón y el peso de sostener todo un mundo, la situación para la humana estaría perdida. Sería tan fácil deshacerse de ella como aplastar una giva.
—¿No tienes miedo? —preguntó en susurro porque antes de destrozarla quería averiguar sobre ese aspecto de la raza humana que no parecía ser guiado por la razón.
—He vivido con miedo toda mi vida —contestó ella y su voz llegaba desde otra dirección.
Sí, se había movido de lugar sin que Dlor lo hubiese percibido.
Se debía a la luz que hacía poco lo había dejado ciego durante unos segundos, esa radiación insólita que había creado Jasper usándola para escapar. Mas Dlor no se preocupó en exceso por el hecho. A Jasper le quedaban minutos de vida, si no es que ya estaba muerto. Su visión se recuperaría... de un momento a otro. Solo tenía que beber.
—Me ha acompañado en mis años el miedo de decepcionar a mis padres —continuó la descendiente Alonso que ahora estaba detrás del rey sin que él pudiese todavía en esa segunda ocasión seguir su desplazamiento—. Miedo por la carga de mi linaje. Miedo a tomar mis propias decisiones. Miedo a ser libre.
Dlor absorbió el poder que ella desprendía. Ya no olía a inmaculada doncella, pues había entregado su doncellez a su hijo de forma voluntaria. Y el lazo, ese lazo eterno que había forjado con el Príncipe de las Tinieblas seguía allí, débil y a punto de romperse, pero todavía afianzado. Lo que le indicó a Dlor que Jasper seguía respirando. Pero el lazo estaba a punto de desaparecer para siempre.
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LEGENDARIOS3️⃣ENTRE LAS GARRAS DE UNA BESTIA
Fantastik3️⃣ ⚜TERCER LIBRO DE LA SAGA LEGENDARIOS⚜ La belleza es poderosa, pero una buena dama conoce el peligro que se esconde detrás de la belleza. Y ahora el peligro es una bestia, convertida, forjada por el poder de las estrellas en algo que no era. Si a...