—Buenos días a todos los miembros del jurado y a mis compañeros presentes —sentí el metal frío del micrófono vibrar contra mis dedos.
Respiré hondo. El aire del salón estaba cargado de estática y el aroma a madera pulida.
—Hoy no vine a interpretar un personaje. No vengo a contar una historia inventada. Lo que voy a presentar aquí ocurrió. No hay ficción, no hay adornos. Solo la verdad.
Me giré lentamente. Busqué las miradas de los presentes: ojos curiosos, cejas levantadas, un mar de rostros esperando ser entretenidos.
—Mi nombre es Elowin Harvey. Y esto —hice una pausa, dejando que el silencio se volviera casi insoportable— es la reconstrucción de un crimen emocional. Uno que yo misma cometí. El cargo es silencio. El contexto es amor. Y la víctima... es un chico llamado Asher Jones.
Algunas personas se movieron en sus asientos, como si el aire se hubiera espesado. Mis manos temblaban levemente, y sentí el calor subir por mi cuello.
—Lo conocí cuando ingresé a la universidad más prestigiosa de Londres. Cambridge. —Cuando lo vi por primera vez… no pude apartar los ojos.
Cada latido retumbaba en mi pecho, recordándome que estaba viva y vulnerable.
—Fue él. —Él me hizo querer quedarme.
Aparte de mis amigas, claro.
Miré al público. Sentí un hilo de sudor frío en la nuca.
—La fiscalía presentará pruebas.
La voz me temblaba, pero la firmeza no me abandonó.
Me detuve. Apoyé una mano en la mesa. Sentí cómo el pecho se me oprimía, Cada latido golpeaba contra mis costillas.
—Lo perdí.
Rozándome el corazón con los dedos, continué: un día tuvo un accidente y olvidó todo. Yo me quedé con este peso, aquí dentro. Me juzgo. Cada día. Cada minuto. No puedo fingir que fue solo una historia más.
El silencio me golpeaba. El murmullo del aire, las sillas crujiendo bajo los nervios del jurado… cada sonido era un recordatorio de lo que había perdido.
Mi respiración se volvió un hilo quebrado. Cada palabra que decía parecía perderse antes de tocar sus oídos.
Elina se puso de pie con una elegancia serena, la carpeta firme entre las manos. Sus movimientos eran medidos, precisos, como si cada gesto pesara más que mil palabras.
—Expondré los hechos en orden cronológico —su voz cortó el aire—. Comenzaremos con el primer encuentro, luego los años compartidos, y finalmente… el momento en que Asher partió sin conocer la verdad.
Se volvió a sentar con calma, pero en ese gesto había una carga: me cedía el lugar.
Yo permanecí de pie, con la espalda recta y los hombros tensos, sintiendo cómo un martilleo ardiente me golpeaba el pecho y un nudo se aferraba a mi estómago. Cada mirada sobre mí era un puñal y, al mismo tiempo, una llama que me obligaba a abrir el alma.
—Este es mi testimonio —dejé que la voz saliera tal como era, temblorosa y firme al mismo tiempo—. No busco absolución. Solo pido que escuchen.
El rumor contenido de la sala vibraba con incertidumbre. Cada respiración pesaba, y cada segundo se alargaba como un hilo a punto de ceder.
Elina se levantó despacio. Aferraba la carpeta con seguridad en una mano, mientras con la otra retiraba una chaqueta cuidadosamente doblada dentro de una caja de cristal. Sus dedos rozaban el borde de la caja como si temiera romper algo invisible. Cada gesto suyo era contenido, preciso, casi reverente.
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Desilusión
Teen FictionUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
