No puede ser él.
Es imposible.
Asher está en Suiza… siempre ha estado en Suiza.
Me obligué a respirar hondo, como si el aire pudiera ordenar mis pensamientos. Tal vez era eso: el cansancio, la falta de sueño, la tensión acumulada desde que llegamos. Cerré los ojos un instante, apretándolos con fuerza. No podía permitirme perder el control. No aquí.
Volví sobre mis pasos y tomé varios libros al azar: constituciones europeas, historia política de Bélgica, volúmenes densos, seguros. Algo que me anclara a lo real. Regresé a mi escritorio y me senté, decidida a concentrarme.
Pasé páginas sin realmente leerlas. Las palabras estaban ahí, pero se deslizaban unas sobre otras, borrosas. los hombros tensos, el cuello rígido. Aun así, seguí.
Me incliné sobre la mesa, buscando una postura más cómoda, pero el dolor se extendió lentamente, como una advertencia que ignoré. Las letras comenzaron a mezclarse, el silencio se volvió más profundo… y, sin darme cuenta, el cansancio ganó la batalla.
El sueño me atrapó ahí mismo, entre libros abiertos y pensamientos que aún no había logrado silenciar. No sé cuánto tiempo pasó, solo recuerdo esa oscuridad cálida que parecía envolverme.
Y entonces lo sentí. Un dedo apartando suavemente un mechón de mi rostro. Era una sensación tan dulce, tan tierna, que por un instante quise creer que era real. Mi corazón se aceleró y mi respiración se hizo más lenta, como si cada aliento temiera romper ese instante.
Intenté convencerme de que era solo mi imaginación, producto del cansancio, pero no pude evitar cerrar los ojos un segundo más, deseando que aquello fuera cierto. Cuando los abrí de nuevo, no había nadie. Solo los libros, el silencio de la biblioteca y el eco de mi propia incertidumbre.
Me incorporé lentamente, el cuerpo rígido y la respiración todavía agitada. La biblioteca estaba vacía; los libros abiertos permanecían sobre el escritorio, la lámpara seguía emitiendo su luz cálida, y el aire húmedo de Bélgica se colaba por las ventanas. El silencio parecía llenar cada rincón, y por un instante, esperaba volver a sentir ese roce que había paralizado mi corazón. Pero no pasó nada.
Mis dedos recorrieron el borde de la mesa, temblorosos, y pasé la mano por la frente, notando cómo un escalofrío recorría mi espalda. ¿Me lo había imaginado? ¿O realmente había sido real?
Intenté sacudirme la sensación, pero mi pecho seguía apretado, y mi mirada se quedó fija en el pasillo vacío, como esperando que algo —o alguien— apareciera de nuevo.
Entonces, un leve crujido sobre el piso de madera me hizo levantar la vista. Las chicas se acercaban, sus pasos rompiendo suavemente la quietud, y con ellos, la tensión que me había envuelto comenzó a desvanecerse lentamente.
—¡Aquí estás! —la voz de Stella me sacudió como un golpe de realidad.
—¿Dónde estabas? Te buscamos por todos lados, ¿pasa algo? —Elina se acercó con el ceño fruncido.
—De hecho… sí —intenté calmar el temblor de mis manos—. Siéntense, quiero contarles algo que vi.
Las chicas tomaron unas sillas y se acomodaron frente a mí, expectantes. Recogí los libros abiertos con cuidado, como si temiera que se desvanecieran con mis recuerdos.
—¿Qué sucede? —las voces se unieron, cargadas de curiosidad y preocupación.
—Me pasó algo muy extraño —intenté controlar el quiebre en la voz—. Estaba en la biblioteca, revisando los libros… y alguien pasó justo por mi lado. Giré para mirar, pero no pude verle la cara. Era alto, de cabello ondulado, vestido muy elegante. Intenté seguirlo, pero desapareció entre los estantes antes de que pudiera alcanzarlo.
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Desilusión
Fiksi RemajaUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
