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4 minutos.

Durante 4 malditos minutos, el corazón de Vincent Beaumont dejó de latir.

Y Azriel lo sintió, como una opresión en el pecho que le impedía respirar. Podía oír su voz, resonando tan nítida y cercana, como si estuvieran juntos en la misma habitación y no a kilómetros de distancia. Una lágrima rodó por su mejilla imaginando lo peor.

Pasadas las 5 am, un trágico accidente se cobró la vida de una joven. La ingresaron a urgencias, pero el pronóstico fue demoledor, no había nada que los médicos pudieran hacer.

Sin embargo, algunos de sus órganos, como sus pulmones e hígado, no sufrieron lesiones de gravedad y podrían salvar vidas. Lo que encendió una luz de esperanza para Vincent.

La compatibilidad fue alta y el órgano estaba listo para trasplante, pero una complicación hizo que sus amigos se preparasen para lo peor.

En el Quirófano 3 la alarma sonó y los médicos se apresuraron a reanimarlo.

Desde un rincón, Vince observaba como el equipo médico se movía con determinación para salvarlo. Pero él no estaba listo, para irse ¿o sí?

Su madre lo tomó de la mano con ternura y le habló con suavidad —Mi Vince, ¿qué es lo que más anhelas cariño?

Tragó saliva con dificultad, su voz apenas un susurro entrecortado —No estoy seguro, mamá— tenía los ojos lagrimosos.

— Yo lo sé, hijo mío— le respondió con una sonrisa triste. —Solo falta que tú lo aceptes. Acéptate a ti mismo. Deberás luchar por él y por ti. No te rindas.
Tu padre y yo, estamos orgullosos de ti.

Y cuando estaban listos para declararlo, la máquina que monitoreaba sus latidos, hizo ruido. Volvió a su ritmo normal y pudieron realizar el trasplante con éxito.

Horas después, lo trasladaron a una sala común donde durmió hasta el anochecer. Pero en su mente, una sola imagen lo perseguía.

Azriel.

La necesidad de verlo, de sentir su cercanía, era tan intensa que, abrió los ojos de golpe. Tardó en acostumbrarse a la tenue luz de la habitación, ¿dónde carajos estaba?

Movió sus dedos entumecidos, buscando ansiosamente un contacto que le confirmara que la pesadilla había terminado.

Sintió una aguja clavada en el brazo y percibió una mezcla de aromas, flores, café y ¿medicamentos?

Quiso carraspear, pero un tubo en su garganta le hizo tener arcadas y comenzar a ahogarse. La máquina que registraba su ritmo cardíaco hizo ruido.

Un rostro familiar se asomó sobre él, lleno de preocupación.

—Tranquilo, Vince— le susurró a la par que sostenía su mano. —Ya estás a salvo.

¡Es Iván!

Un doctor y dos enfermeras entraron a la habitación. Le pidieron que respire con tranquilidad y así le quitaron el tubo. En cuanto lo hicieron, inhaló y exhaló reiteradas veces, tosió y aclaró su vista.

—¿Y Azriel?— cuestionó con voz débil observando a su amigo y al doctor. Le costaba tragar por esa horrible sensación del plástico en su garganta.

—¿Quién? Solo estabas tú en el loft amigo— respondió si amigo con extrañeza.

¿Qué carajos?

Negó —no, pero es que, él estaba conmigo y se lo llevaron— amagó con levantarse y los presentes se alertaron —¡esos malditos se lo llevaron— expresó con rabia y un dolor punzante en su abdomen lo hizo detenerse.

—Señor Beaumont, acaba de recibir un trasplante— habló con dureza el doctor y lo obligó a recostarse —no haga movimientos bruscos por favor, o lo tendré que sedar.

«¿Trasplante? ¿¡Qué demonios!?»

—Está bien Jack, yo me encargo— una voz femenina que recién ingresaba, tranquilizó el ambiente. Los profesionales se marcharon y el rubio la escaneó, se le hacía familiar.

Su cabello oscuro, el ambo azul y sobre este, una bata blanca, donde eran grabadas en cursiva; A.Grayson  Medical Health Center

—Veo que aún no me recuerdas—dijo con una sonrisa pícara. Iván la secundó con una risita, pero tuvo que salir de la habitación debido a una llamada de la policía.

Vincent intentó enfocar su vista, tratando de reconocer a la mujer. Su mente, aún nublada por la medicación, luchaba por encontrar el nombre que correspondía a ese rostro amable. — lo siento, ¿podría decirme su nombre?

—Anne Grayson, cirujana y directora general de este hospital. Hace tiempo que no te veía, Vincent. Estás más guapo —comentó animada.

Y una serie de recuerdos agolparon su mente.

Un pequeño rubio de 8 años perdió a sus padres en un trágico accidente, quedando completamente solo. Sus abuelos se encontraban en el extranjero y no podían hacerse cargo de él, y los servicios sociales amenazaban con llevárselo a un orfanato.

Hasta que una joven, recién graduada de la escuela de medicina, se ofreció a cuidarlo mientras se resolvía la custodia legal. El pequeño Vince, por primera vez desde el accidente, se permitió llorar cuando ella lo abrazó con cariño. Esa noche, le preparó pancakes de arándanos para cenar y le leyó un cuento hasta que se durmió. Vince jamás olvidaría el amor y la protección que le brindó Anne, la mejor amiga de su madre.

Siempre le estaría agradecido por ser su refugio en un momento tan vulnerable.

Con la voz entrecortada por la emoción y los ojos llenos de lágrimas, susurró —Anne—. Se levantó con dificultad y la envolvió en un cálido abrazo.

Al separarse, le dirigió una sonrisa.
—Lamento haberme alejado, la empresa me mantiene ocupado y...

—No te preocupes, ambos tenemos vidas muy ajetreadas— lo interrumpió con comprensión —y ya nos pondremos al día cuando te recuperes—respondió amable.

—¿Cómo llegué aquí, Anne? ¿Quién avisó? Recuerdo muy poco…

—Tus vecinos escucharon todo el alboroto y llamaron a la policía. Fue un robo muy violento.

«¡No! ¡Eso no podía ser! ¡Había sido un secuestro! Respira Vince, no explotes» Hablaba su conciencia.

—¿Un robo?— cuestionó confundido.

Asintió con la cabeza, sus ojos llenos de angustia. —Yo estaba de guardia en urgencias y cuando te vi entrar por esa puerta me invadió una angustia. Le hice una promesa a Margot de que siempre te cuidaría.

—Y lo haces—respondió él con un tono bajo, tratando de contener la emoción que lo embargaba—. Fui yo quien se apartó.

El rubio suspiró antes de preguntar aquello. —El doctor dijo que tengo, ¿un trasplante?— se removió incómodo en la cama y la mujer le explicó lo sucedido. El daño que la bala le había causado a su hígado, la urgencia de conseguir uno nuevo y los minutos angustiosos en los que su corazón dejó de latir. Le habló de la joven que sufrió un accidente y como su hígado le salvaron la vida.

Vince intentaba procesar lo que Anne le decía. Todo era muy reciente, y la medicación lo aturdía. No quería agobiarse más, así que con un suave apretón en la mano de la doctora, le preguntó; ¿Cuánto tiempo estaré aquí? A la par que ansiaba saber sobre el castaño.

La doctora le brindó una sonrisa tranquilizadora. —De una a dos semanas, Vince y todo dependerá de tu progreso postoperatorio. Deberás seguir al pie de la letra las indicaciones médicas durante los próximos meses. Recuerda que tu cuerpo se está adaptando a un nuevo hígado. Por ahora, todo indica que la operación fue un éxito— miró su reloj —no te preocupes, estás en las mejores manos.

Le sonrió levemente y le agradeció. Anne tuvo que retirarse, pero prometió volver.

Segundos después, la puerta se abrió nuevamente, revelando a Iván y a Jess.

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Holiiii son las 12 de la noche, después de días de bloqueo escritor
Esto es lo que salio♡♡♡

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora