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Las suaves sombras de la noche apenas delineaban la silueta de Azriel, quien se encontraba en la azotea de su edificio.
Se recostó sobre el borde de concreto con una cerveza en mano.

Sumido en sus pensamientos, intentaba ordenar todo lo que quería decirle a Vince. Minutos después, apareció por las escaleras. Su expresión era neutra, como de costumbre, pero sus ojos reflejaban una chispa de curiosidad al acercarse.

—Hola, ¿te encuentras bien? —saludó al llegar. Aceptó la cerveza que Azriel le ofrecía y el castaño asintió, aunque sus ojos evitaban el contacto.

​El rubio bebió un par de tragos antes de romper el silencio. —Sobre lo que pasó hoy... —hizo una pausa, apoyando la botella en la baranda—. No eres un revolcón para mí.

​Azriel soltó una risa amarga.
—¿Ah, no? Entonces, ¿qué soy para ti? —Su voz se endureció, dejando ver la furia que quemaba bajo su piel—. Porque cuando te confesé lo que sentía, me rechazaste. Me pediste espacio. ¿Y luego me buscaste por sexo? —escupió la palabra con resentimiento—. Y yo, como un idiota necesitado, te di lo que querías.

​—El único idiota aquí soy yo —interrumpió Vincent, dando un paso hacia él—. Te busqué porque quiero que arreglemos las cosas y...

​—¿Arreglar qué? ¿Lo que siento por ti? —lo cortó con dureza—. Por más que quiera, no lo puedo cambiar.

​Azriel desvió la mirada hacia las luces de la ciudad. Sus ojos se empañaron. Le confesó con la voz rota, la calidez que sentía cuando Vincent lo miraba con cariño; esa explosión interna que le susurraba: "Aquí estarás bien, esta vez es real".

—Pero no estás listo —sentenció el muchacho—. Esa es la verdad.

​Vincent sintió que el pecho se le contraía. Tomó las manos de Azriel entre las suyas, ignorando el impulso del chico de soltarse.

—Jamás quise herirte, pero tenía miedo. Se lo conté a mi mejor amigo; no quería ocultarte, lo juro —susurró con un nudo en la garganta—. Y tienes razón. No estoy listo, y me angustia no poder corresponderte como mereces.

​Azriel se removió incómodo, y lanzó la pregunta que le carcomía el alma:
—Cuando empezó nuestro juego... ¿aún estabas con Emma?

​La pregunta lo tomó por sorpresa. Explicó que su relación estaba rota, que casi no hablaban, pero Azriel sintió el peso de la traición sobre sus hombros.

—Mientes —susurró Azriel, recordando su primera noche juntos—. Me dijiste que no había nadie más, pero pensabas en ella mientras estabas conmigo.

​Le dio la espalda para marcharse, pero Vincent lo tomó de la muñeca con una desesperación que no era propia de él.

—¡Intentaba dejarla! Pero no era sencillo... y desde que apareciste, me he esforzado por ser honesto. Déjame demostrarte que eres mi prioridad ahora.

​La espalda de Azriel chocó contra el concreto del balcón. Sus narices se rozaron, sus respiraciones eran agitadas. El CEO acarició su nuca con una suavidad que desarmó cualquier defensa.
​—Muero por besarte.

​Azriel acortó la distancia uniendo sus bocas en un beso cargado de emociones contenidas. El mundo exterior dejó de existir. Ya no importaban las consecuencias ni los secretos.

​—Dejamos algo pendiente, ¿recuerdas? —insinuó Vincent con una sonrisa pícara al separarse.

​Azriel rió suavemente, acariciándole la mejilla.
—Llévame a tu lugar favorito de la ciudad.

​Vincent no tenía un lugar especial, pero pensó en un rincón que siempre lo ffascinaba. Entrelazó sus dedos y bajaron al coche. Condujo hasta una zona discreta cerca del puente de Brooklyn, un mirador casi olvidado donde Manhattan se desplegaba frente a ellos como un tapete de diamantes.

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora