No es él.
No puede ser él.
Vincent se negaba a creer lo que su amigo le había dicho.
Si bien no había confirmación oficial, la posibilidad, le aterraba.
El sol del mediodía se filtraba por las cortinas, demasiado brillante para una conversación así.
Iván estaba junto a la puerta, con el ceño fruncido y la voz baja, como si temiera romper algo.
-Vincent... -empezó con cautela-. La policía seguía una pista y los rastros coinciden. Aunque el cuerpo todavía...
-No es él -lo interrumpió con dureza, cruzándose de brazos.
Iván tragó saliva, sin saber cómo continuar.
El rubio caminó hacia la ventana. Afuera, el ruido de la ciudad seguía como si nada.
Su propio reflejo parecía el de otra persona, alguien sin descanso ni fe.
-Acabo de prometerle a su hermana que lo traería de vuelta. Y eso haré.
El abogado dio un paso al frente, intentando mantener la calma.
-Vincent, entiendo lo que sientes, pero...
-¿Tengo que creer que está muerto solo porque alguien lo supone?- se frotó la nuca con una mano temblorosa. -No me digas nada hasta que haya una confirmación. Quiero verlo yo.
Iván lo observó en silencio. Sabía que insistir era inútil.
-Si pides eso te estas metiendo demasiado, pero te avisaré apenas tenga noticias. Descansa un poco, ¿quieres?- pidió antes de salir.
Vince quedó solo.
El aire acondicionado murmuraba desde un rincón, empujando una corriente fría que no alcanzaba a enfriar la sangre que le hervía bajo la piel.
Se llevó una mano al rostro, presionando las sienes.
Sangre. Huellas. Un cuerpo.
No. No podía ser él.
Carajo, no.
Por favor, que no sea Azriel.
Cerró los ojos y lo vio. Tan claro que por un momento juró que estaba allí.
El loft.
La penumbra.
Las copas vacías sobre la alfombra.
El tablero de ajedrez tirado.
Azriel, con esa sonrisa viva, moviendo la última pieza.
-Jaque mate -susurraba-. No estás jugando mal a propósito, ¿o sí?
Vince reía con calma, mientras lo miraba embobado.
-Claro que no... solo estoy un poco distraído.
El castaño se inclinaba sobre él, la luz del vino reflejándose en sus ojos, la risa pegada a su piel.
Por un segundo, el mundo era solo eso.
Ellos.
Y el recuerdo se quebró.
El calor volvió, la claridad hiriente del mediodía lo golpeó de frente.
Abrió los ojos. Solo el ventanal. Solo el silencio.
El temblor le subió por los brazos hasta el pecho.
-No puedes estar muerto, mi ángel... -susurró-. No después de todo lo que te debo.
[...]
La primera sensación fue la suavidad.
Una textura cálida bajo su piel, un olor a madera y a resina quemada.
Azriel abrió los ojos lentamente. La cabeza le dolía horrores y creyó estar soñando al ver el techo de vigas claras, los focos, y el aire, cálido.
No estaba en el loft.
No estaba en ningún lugar que reconociera.
Se incorporó con un gemido. El cuerpo le dolía, pero las heridas... ya no estaban.
La piel, antes cubierta de cortes y moretones, ahora solo quedaban vendajes.
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10:35 [BL]
Novela JuvenilEn una sociedad donde la homosexualidad sigue siendo mal vista, Vincent y Azriel, se encuentran cada noche, a las 10:35. Sin embargo, aquel refugio donde la calma les permitía expresarse sin miedo, se vio empañado por la incertidumbre cuando uno de...
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