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No apto para sensibles.
Leer bajo su responsabilidad.

Su garganta ardía al tragar y temblaba sin control. Estaba al límite, pero no pensaba rendirse.

Ruby me necesita, se repetía mentalmente.

Más decidido que nunca, se aferró a la cadena oxidada sujeta al suelo y tiró con todas sus fuerzas.

No le importaron las heridas en sus manos, ni el dolor en los músculos. Jaló hasta que algo cedió.

El grillete cayó con un sonido seco y se lo quitó del tobillo sin esfuerzo. La adrenalina lo hacía sentir invencible.

Cojeando, abrió la puerta.

Una luz blanquecina iluminaba el pasillo. Avanzó con cautela... y luego corrió.

Gracias a Dios, no había nadie.

Empujó una última puerta, y la luz del sol tocó su piel por un instante.

Pero solo fue eso. Un instante.

Un golpe en su espalda lo sacó del trance.

-Oye, -dijo una voz familiar- despierta.

Azriel jadeó, volviendo bruscamente a la realidad.

Theo estaba cerca de él, con una bandeja en las manos y una sonrisa burlona.

-Te traje comida. Una ofrenda por casi romperte la nariz. Y como las brujas no están, puedes darte una ducha.

No le respondió. Seguía atrapado en esa niebla entre el sueño y la pesadilla.

Bajó la vista y vio la cadena en su tobillo. Intacta, como siempre.

Se incorporó, tomó la bandeja para sentarse lejos del hombre y comió en silencio.

Minutos después, salieron de la habitación y se dirigieron a los baños.

Azriel sintió un pequeño alivio al notar que la cadena ya no lo ataba.

-Tienes cinco minutos o entraré y no te va a gustar -advirtió Theo antes de cerrar la puerta.

Era amplio, de paredes con azulejos amarillentos. Había una hilera de lavabos viejos, algunos con los grifos rotos. Tres cubículos separados por puertas de metal y una ducha lateral que salía directamente del muro.

Sobre el lavabo encontró toallas limpias, ropa doblada, jabón y shampoo.

Se miró al espejo.

Tenía el rostro amoratado, los labios partidos y sangre seca bajo la nariz. El reflejo le devolvía una imagen que no conocía: un chico herido, frágil.

La rabia le subió por el pecho. Apretó los puños y quiso romper el espejo.

Pero en lugar de eso, se metió bajo la ducha.

El agua estaba tibia, casi fría, y cada gota que rozaba sus heridas le arrancaba un jadeo. Se lavó con rapidez.

Memorizó todo lo que pudo en el trayecto.
El olor a detergente, el eco metálico y el zumbido lejano de maquinaria oxidada.

No parecía una fábrica. Más bien... una lavandería industrial.

Su mente empezó a buscar; ¿una lavandería abandonada? ¿A las afueras de la ciudad? ¿En otra ciudad?

Cuando terminó de vestirse, una corriente de aire helado le rozó la nuca.

Levantó la vista hacia una ventana. Alta y angosta.

Y sin barrotes.

Se acercó con cautela. No había escalera, pero la puerta del último cubículo era la más cercana. Se trepó como pudo, con torpeza.

Desde esa altura vio el exterior: cemento agrietado, maleza entre las grietas, restos de cajones plásticos. Y lo más importante, la luz del sol.

La adrenalina le recorrió el cuerpo.

Respiró hondo y no lo pensó demasiado.

El marco oxidado le rasguñó el brazo, pero no se detuvo. Cayó del otro lado de espaldas, sobre tierra húmeda.

El cielo sobre su cabeza no era una ilusión esta vez.

Y por primera vez en días, sintió algo parecido a la esperanza.

No podía detenerse y corrió sin más.

El aire le ardía en los pulmones, los pies descalzos se le raspaban con la grava. Pero no se detuvo. A lo lejos, vio autos pasar.

Estaba tan cerca.

-¡Azriel!

Esa voz lo hizo girar apenas.

Un disparo lo paralizó y el ardor en su pierna lo hizo caer.
Intentó levantarse, pero tropezó y unas manos lo sujetaron con violencia.

-Te lo advertí- dijo Theo.

Azriel forcejeó, desesperado. Y entonces vio a Emma acercarse, su rostro tenso, cargado de rabia.

-¡¿Qué carajo hicieron?! -gritó, furiosa. -¿Quieres escapar? Está bien. Te voy a mostrar lo que pasa cuando rompes las reglas.

Sacó una jeringa de su abrigo.

Intentó girarse y morderla, pero fue inútil.

La aguja entró en su cuello y dejó de luchar.

[...]

El muchacho despertó de golpe, desorientado.

Intentó sentarse, pero su cabeza chocó contra algo duro. El sonido hueco reverberó en un espacio demasiado estrecho.

Parpadeó.

Estaba dentro de una... ¿caja?
Una estructura de vidrio, apenas más grande que él. Las paredes lo cercaban como un ataúd y la luz pálida se filtraba desde algún punto del exterior.

Tragó saliva con dificultad.

Quiso moverse, pero una vez más, la cadena en su tobillo lo frenó. Un latigazo de dolor subió por su pierna, justo donde había recibido el disparo no letal.

-No, no...

Pateó el vidrio y el eco le devolvió su impotencia.

Golpeó con los puños hasta que le ardieron.

Y la cadena lo tiraba hacia atrás.

-¡NO! -gritó, con la voz quebrada-. ¡SAQUENME DE AQUÍ!

Entonces lo sintió.

Como un grifo se abría y el agua comenzaba a filtrarse desde las esquinas. Cubriendo el suelo por completo.

-Dios... no...

Retrocedió, como si pudiera alejarse del agua helada.

Y subía. Hasta las rodillas, el pecho.
Sus manos golpeaban con desesperación.

Buscaba una puta grieta.
Nada.

Solo su reflejo aterrorizado.

Y el oxígeno ya escaseaba.

Pensó en Ruby... y también en Vince.
En su voz, su abrazo, su traición.

El agua le rozó la barbilla y en un segundo, lo cubrió todo.

Aspiró sin querer y ya no había aire. Solo agua.

Comenzó a ahogarse y ya no tenía fuerzas.

La visión se le nubló. Los sonidos se apagaron. El mundo desaparecía en un azul frío.

«No puedo morir... no así»

Y entonces... Cuando todo parecía perderse... El agua comenzó a descender.

Tosió con violencia y apoyó la frente contra el cristal, exhausto.

Estaba vivo, pero seguuía atrapado.
Y eso dolía más que nada.

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Holii tengo el corazón hecho trizas por este cap😭😭😭
Mil perdones por los traumas 😔

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora