El CEO tuvo un mal presentimiento en cuanto supo que los detectives querían hablar con él. Acompañado por Iván, los recibió en la sala de reuniones del hospital.
Bennett dejó caer algunas carpetas sobre la mesa; Vanessa fue la primera en sonreír.
-Señor Beaumont... -saludó con un dejo de ironía-. Siempre es un placer verlo. No hace falta su abogado, solo serán preguntas de procedimiento.
-Voy a quedarme -intervino Iván con calma-. Es lo más conveniente para todos.
-Como guste.
Todos tomaron asiento. Vanessa cruzó las manos y lo fijó con la mirada:
-¿Tenía usted algún vínculo personal con Azriel Böhen?
-No -respondió Vincent demasiado rápido-. Solo un talento valioso para la empresa, nada más.
Iván asintió apenas, aunque detectó la vacilación en la voz de su amigo. La mujer ladeó la cabeza con escepticismo.
-¿Está seguro de querer sostener eso?
-Completamente.
Bennett abrió una de las carpetas y deslizó la primera fotografía: un bar nocturno y dos siluetas demasiado cerca.
-Entonces quizás pueda ayudarnos a entender esto -dijo el detective.
Vincent apenas la miró. -No prueba nada.
Vanessa no discutió; solo hizo un gesto y Bennett dejó caer la segunda. Era el loft del CEO. En la imagen, él se inclinaba hacia Azriel con una mano apoyada en su espalda. Eso lo tensó. La tercera fue el golpe final:
Un beso.
El silencio se apoderó de la sala.
-¿También va a negar esto? -preguntó la mujer con suavidad peligrosa.
-Detective, esto es una invasión a la privacidad... -comenzó Iván.
-Alguien ya lo hizo. Responda, Beaumont.
Vincent tragó saliva; la arrogancia desaparecía por los bordes.
-Nos veíamos a escondidas. Poco más de un año -admitió. Luego, alzó la vista por puro reflejo defensivo-: ¿Es ilegal tener sexo?
-¿Por qué no lo mencionó antes?
-Mi cliente tiene derecho a...
-No cuando pone en peligro a una persona -lo cortó Vanessa-. ¿Qué pasó exactamente ese día?
Vincent bajó la mirada. Al hablar de nuevo, su voz era un hilo.
-Recibí una amenaza. Esas fotos llegaron a mi correo -se rascó la barbilla levemente-. Creí que era un idiota intentando extorsionarme, que el blanco era yo. Quise protegerlo.
Vanessa se incorporó de golpe, su silla raspando el suelo.
-Y se equivocó. Por esa decisión, hoy es persona de interés. No puede salir de la ciudad. Revisaremos cada movimiento, su agenda ysu entorno.
Iván se levantó para reclamar. -Detectives, entendemos la situación, pero él va a colaborar -dijo, poniendo una mano firme sobre el hombro de su amigo.
-¿Pidieron rescate? -preguntó Bennett, pasando otra hoja.
Vincent negó lentamente.
-Eso es malo -murmuró el detective-. Cuando no hay dinero, el objetivo es la venganza. Castigo.
No había incentivo para devolverlo.
-Se lo llevaron para castigarme -susurró Vincent, cerrando los ojos-. Ya lo sé.
-No se atreva -espetó Vanessa. - Azriel no es una extensión de su culpa ni una lección moral para usted. No lo convierta en un mártir ni en un discurso de odio; esto es el resultado de su poder y de las decisiones que tomó.
Vincent frunció el entrecejo, recuperando un poco de su aspereza.
-No permitan que esas fotografías lleguen a la prensa. Azriel solo correría más peligro y su hermana, no puede enterarse así.
La detective lo sostuvo con la mirada, como si estuviera a un paso de arrestarlo, pero la urgencia de la búsqueda se impuso. Salieron de la sala sin decir más.
Iván hizo llamadas.
Vincent solo miraba las fotografías y comprendió que su silencio fue la verdadera sentencia de Azriel.
[...]
Azriel despertó con una presión insoportable en el pecho, como si el aire hubiera decidido entrar a medias.
El dolor lo mantuvo inmóvil, uno distinto al de los golpes, más profundo, más preciso.
Abrió los ojos despacio.
La habitación era pequeña, de techo bajo, con paredes claras y una ventana angosta por la que entraba una luz suave. Todo estaba limpio. Olía a flores y a madera vieja.
Intentó moverse.
El costado izquierdo le ardió de inmediato. Bajó la mirada y vio los vendajes firmes. Lo habían operado.
¿Qué carajos...? El corazón le dio un golpe seco. Giró la muñeca con cuidado.
La cuerda tensó.
Su mano izquierda estaba atada a la baranda de la cama.
El pánico subió lento, porque el cuerpo no le respondía como quería. Estaba débil. Consciente de lo que no podía hacer.
-No... -susurró, con la garganta seca.
Pensó en Vincent, en Ruby.
En que quizá ya era tarde para todo.
Se sentó a medias y entonces la vio.
Una niña estaba sentada cerca de la ventana, en una sillita baja. Lo miraba con una curiosidad que le erizó la piel. Tendría siete u ocho años. Apretaba contra su pecho un conejo de peluche blanco, gastado, con una oreja doblada.
Como el de Ruby.
Ella ladeó la cabeza.
Fue entonces, cuando Azriel notó un moretón oscuro rodeándole el ojo izquierdo. Reciente. La piel todavía inflamada.
El miedo cambió de lugar.
Ya no era solo por él.
Ella levantó la mano despacio. Se señaló el ojo. Después, con el mismo gesto simple, lo señaló a él.
El castaño tragó saliva.
Con el reflejo tenue del vidrio de la ventana alcanzó a verse: también tenía el ojo amoratado.
La puerta se abrió de golpe.
-Lina -la voz de Theo resonó molesta-. Te dije que no entraras.
La niña se levantó de inmediato. Miró a Azriel una última vez y salió corriendo.
El hombre cerró la puerta con cuidado.
Azriel intentó incorporarse por reflejo y el dolor lo atravesó de lleno, como si le clavaran algo desde dentro.
Theo alzó las manos, despacio. -Tranquilo... no te muevas. -Se acercó a la cama y desató la cuerda-. Dos días. Eso llevas inconsciente. Tenías costillas fracturadas; una te perforó el pulmón. Fue complicado y costoso. Pero era eso o dejarte morir.
Q
Azriel lo observaba sin comprender del todo. El miedo era un ruido blanco en su cabeza.
-¿Por qué...? -alcanzó a murmurar.
La puerta se abrió otra vez.
El cambio de aire fue inmediato.
Bürem entró sin apuro.
Theo se giró apenas, alarmado-Dijimos que no...
El disparo lo interrumpió.
No hubo tiempo para nada más.
Cayó pesado, golpeando el suelo con un sonido seco. La sangre brotó de su cabeza y salpicó las sábanas.
Azriel se quedó sin respiración. Un quejido apenas audible se le escapó de la garganta. No podía apartar la mirada del cuerpo inmóvil. De las gotas rojas deslizándose por su frente.
Bürem se acercó sin prisa.
Azriel quiso moverse pero el cuerpo no le respondió.
El hombre le sujetó el mentón y le alzó el rostro, obligándolo a mirarlo.
El muchacho tembló. El aire le raspó la garganta al intentar inhalar.
-Ya estás a salvo.
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Holiiis reaparezco con un nuevo cap♡
Nuevamente les agradezco las 4mil leídas! Vamos por masss💓🙂🙂🙂
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10:35 [BL]
Novela JuvenilEn una sociedad donde la homosexualidad sigue siendo mal vista, Vincent y Azriel, se encuentran cada noche, a las 10:35. Sin embargo, aquel refugio donde la calma les permitía expresarse sin miedo, se vio empañado por la incertidumbre cuando uno de...
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