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Emma se observaba en el espejo.
No parecía alguien que hubiera perdido el control.

Por fuera, todo estaba perfecto.
Pero comenzó a sentir una leve culpa. Culpa de no haberlo previsto.

Apoyó las manos sobre el mármol frío y respiró hondo.

Theo estaba muerto. Azriel, desaparecido.
Y todo a causa de Bürem.

El mundo seguía funcionando con una normalidad obscena. Correos sin importancia. Reuniones que no podían esperar.
Tech seguía a su cargo, pero con Vincent dado de alta, eso podría cambiar.

Tomó su teléfono y llamó a su madre.
-¿Dónde estás?

Rebecca tardó responder, como si el silencio fuera una forma de castigo.
-En Europa. Ya te lo dije.

Emma apretó el teléfono con más fuerza.
Esa maldita costumbre de marcharse cuando más la necesitaba.

-Necesito que regreses.

-¿Ahora? -la risa de Rebecca fue suave, insoportable-. ¿Qué pasó, Emma? ¿Algo se te fue de las manos?

No iba a darle el gusto de escucharla admitir que el plan se había torcido.
-Necesito que regreses, mamá.

-Creí que podías con esto. -La voz se volvió más fría-. No puedes dar marcha atrás, hija- hizo una pausa. -¿Dónde está el muchacho?

-No lo sé.
-Entonces lo echaste a perder.

-¡Fue ese bastardo! -escupió-. Mató a Theo y se llevó a Azriel.

Rebecca no alzó la voz.
-Tenés que ser más inteligente que él -dijo con calma-. Como yo.

Emma suspiró esperando que continuara.

-Encontré una solución. Comunicate con Heller y después... ve con Beaumont. Me enteré de que le dieron el alta.

Emma frunció el ceño.
-¿Para qué? No me apetece verlo.

-Para lo que siempre hiciste mejor -respondió-. Usar lo que sienten los demás.

Y la llamada se cortó.

Emma no dejó que la rabia durara más de lo necesario y habló con Heller, exigiendo saber lo que sucedió en el pueblo.

El hombre mencionó un asesinato desesperado, como si lo hubiera planeado en ese instante. Nadie quiso entrometerse.
Burem no dejaba rastros, pero es de esos que no mueve piezas importantes sin tenerlas cerca.
Cortó la llamada al recibir un mensaje.

"Encontré al padre biológico de Ruby"

Y todo se acomodaba. Tenían el anzuelo y Azriel traicionaria a Bürem.

Salió de su casa con un objetivo en mente;
La mansión Beaumont.

[...]

Vincent despertó con un nudo en el pecho. Había soñado con Azriel.

Lloraba, esperando algo que Vincent nunca supo darle. Se sintió miserable al recordar que, más de una vez, él mismo había sido el culpable de verlo así.
Quiso acercarse, pero la imagen se desvaneció.

​Se incorporó entre quejidos; el dolor en su abdomen seguía ahí, recordándole que estaba vivo.

Se vistió despacio y bajó. El personal ya estaba trabajando. Desayunó sin entusiasmo, escuchando el menú del día, pero su mente seguía atrapada en el loft. En la discusión. En el disparo.

​Su mirada vagó distraída por el techo hasta detenerse en el detector de humo.

Maldita sea.

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora